Diario de León

Cosas de aquí y de allí | El secreto para cumplir años

Longeva y chabolista

María Díaz, gitana sevillana, matriarca, canastera, ha cumplido 116 años, lo que la convierte en la más anciana de España, rodeada de su familia en su casa prefabricada, sin agua caliente

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Andrea Álvarez - sevilla
León

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Según cuentan sus familiares, María nació en 1892 en tierras granadinas, lugar que no tardó en abandonar para marcharse a Sevilla adonde llegó para buscar una nueva vida junto a su marido y asentarse en las chabolas del barrio de Triana. Hasta entonces, María había vivido siempre en el campo; cuenta su hija Dolores Martín, que opina que quizás ésa es «la clave» para llegar a tan longeva edad, ligada a una buena alimentación y a unas ganas de vivir «muy grandes». María tuvo cinco hijos, el quinto fue Dolores, la hija a la que su madre, ya viuda, sacó adelante gracias a la venta ambulante y a su trabajo como canastera, que le permitió, con los recursos mínimos y siempre en chabolas, formar una familia unida que ahora pide seguir al lado de la matriarca para atenderla en su delicado estado. La abuela María, -a la que sus bisnietos y tataranietos siguen llamando así- vive en una casa prefabricada, a la que llegó tras abandonar la calle Polvero, la única del asentamiento de El Vacie de la capital sevillana allá por los años 70, en la que se ubicaba la última de las chabolas donde vivió con los suyos. Pero esa casita a la que se fue a vivir no tiene agua caliente, ni calefacción, ni aire acondicionado para soportar los más de 40º que azotan a Sevilla en verano aunque sí tiene tres habitaciones, una de unos cuatro metros cuadrados exclusivamente para María, un pequeñísimo cuarto de baño con los suelos levantados, una cocina, en la que cabe una persona a lo ancho, y un salón. María no vive sola en su casa, con ella conviven su hija, dos nietas y dos bisnietos, que no la dejan sola ni un minuto y que se encargan de bañarla, darle de comer, cuidar su salud y darle la pastilla de la tensión que hasta hoy «es lo único que tiene mal», según Dolores. Toda la familia, fiel a sus tradiciones, permanecerá unida en torno a la abuela hasta que «Dios se la lleve» y una de sus nietas afirma que «cada año que cumple es un regalo de Dios» y un motivo de alegría para ellos aunque hay una petición pendiente que no les permite gozar plenamente del cumpleaños de María. Las hijas de la anciana han solicitado una vivienda que les permita salir de la situación de chabolismo, pero dicen no tener noticias del Ayuntamiento ni recibir ayudas para cuidar a la anciana como deben. Dolores afirma que a «la abuela no le falta de nada» ya que come fruta, pescado, arroz y «potaje» como otro más de la familia y está atendida todo el tiempo. María tiene algunas dificultades que le impiden oír y hablar correctamente, y de movilidad.

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