Diario de León

Valle del Zanskar

Aislados en las trampas del río

«Intento llegar caminando por un río helado al perdido valle del Zanskar, en mitad de la cordillera del Himalaya, en un lugar a caballo entre India, Pakistán y el Tíbet»

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Jesús Calleja
León

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Hola amigos. Os escribo posiblemente desde uno de los lugares más remotos en los que jamás he estado. Os recuerdo que intento llegar caminando por un río helado al perdido valle del Zanskar, en mitad de la cordillera del Himalaya, en un lugar a caballo entre India, Pakistán y el Tíbet. Esta es la tercera crónica de lo sucedido. Proseguimos nuestra marcha por un río congelado, lleno de trampas que se van acentuando cada vez mas, teniendo que sortear pasajes muy delicados en los que se nos salía la adrenalina por las oreja al estar pisando frágiles planchas de hielo que crujían a cada paso amenazándonos con romperse y llevarnos a las oscuras y gélidas aguas del río Zanskar. Para mal de males, no a parado de nevar y el hielo esta completamente tapado con una capa de nieve de 30 a 40 centímetros, lo que hace difícil ver el estado de la superficie por la que pisamos, teniendo que asegurarnos con cuerda en muchos tramos para no posar en falso. En fin, estamos sometidos a todo el rigor invernal del Himalaya: mucho frío, hielo, nevadas... y con esos ingredientes proseguimos nuestra marcha, hasta que en la quinta jornada nos vemos detenidos en seco por un obstáculo insalvable por más que lo hemos intentado. El río, en un tramo determinado, no tiene hielo y por los laterales es imposible pasar, pues son muros verticales de resbaladiza roca nevada. Desolados después de intentarlo todo y con un intensísimo frío damos la vuelta pensando que todo se terminó en este punto y mis ilusiones de llegar al perdido Valle del Zanskar, donde vive el pueblo más aislado de la cordillera del Himalaya, han terminado. Pero un porteador me asegura que remontado por una ladera próxima al fatídico punto sin hielo llegaríamos, eso sí, después de mucho caminar y escalando vertiginosas laderas, a una aldea que él la llama Nierak. Estamos tan abatidos que decidimos hacerle caso y seguir sus instrucciones, pues él confía en que nos puedan ayudar de alguna manera. En efecto, como si de una novela se tratara y ya casi con las esperanzas perdidas de que existiera esta aldea de verdad, pues nos reventamos a ascender nevadas pendientes interminables sin que apareciera signo de vida, ¡pun¡, allí estaba, escondida en lo más recóndito de la cadena montañosa. Es una aldea que parecía un nacimiento navideño. Salieron a recibirnos los habitantes cono si fuéramos extraterrestres, y no es para menos, pues viven en un absoluto y completo asilamiento del mundo exterior durante muchos meses, debido a que los altísimos pasos de montaña están cerrados por las abundantes nevadas. Y allí estábamos, Emilio, los porteadores, Phuntsog y yo, con la boca abierta ante tanta belleza y con unas gentes que viven igual que en el siglo XV. Nos ayudaron en todo, nos dieron cobijo en sus bonitas casas tibetanas, bebimos de su chang , bebida alcohólica que nos animó a todos, comimos de su stampa , harina de cebada tostada, nos calentamos al fuego de sus estufas alimentadas con excrementos de yak, y jugamos con la prole de niños de nuestro anfitrión, que debe tomarse como afición en los largos inviernos tener niños, pues salían de todas partes vestidos con sus graciosas chubas , una especie de chaquetón muy largo confeccionada de lana de yak que da un calor increíble. Ahora mi plan ha cambiado: ya no puedo llegar a los valles bajos del Zanskar. Pero no hay mal que por bien no venga, ahora las gentes de este pequeño pueblo me dicen que podré llegar a los pueblos del alto Zanskar y, sobre todo, a su digamos capital, Lingset, remontando los altos pasos de montañas llenos de peligros y, sobre todo, después de las fuertes nevadas caídas. Jesús Calleja y Emilio Valdés, sin duda alguna desde los más recónditos lugares del Himalaya. ESCRIBE: Siga la aventura en: www.jesuscalleja.es

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