CRÉMER CONTRA CRÉMER
Y al fin, el himno
DABA LA SENSACIÓN de que España no estaba para músicas, sino para elecciones y la televisión de España y de Alemania se sale por peteneras patrióticas para solucionar, en la medida de que este problema tenga solución la angustia sonora de nuestros profesionales internacionales de la patada. Raúl y Ramos, sobre todo, parecían sufrir cuando llegado el momento se encontraban con el cuello doblado y la mirada perdida en lo alto, como siguiendo el vuelo de las grullas, sin disponer de un himno para orlar la segura victoria de nuestros héroes. Y los profesionales del pelotón y sus novias y esposas y hermanas mayores se miraban en silencio, reclamando un himno, el que de verdad correspondiera a la gloriosa efemérides para la que se demandaba. Y el señor Gobierno de la nación aceptando democráticamente la solicitud de los patadistas profesionales y su extensa y doliente afición, elevó una vez y dos y tres veces la súplica de que se dotara a la selección española de Holanda, Camerún, y demás países del mercado general en rebajas, de la letra para el himno que había de representar al país del motivo patriótico indispensable para entornarle a coro, como las monjas de clausura, en tiempo de sacralidad, precisamente cuando los esforzados paladines de la patada se enfrentaran a otras formaciones igualmente dotadas de himno¿ Se recurrió a la Real Academia de la Lengua, pero se conoce que ésta eludió el compromiso por temor de no acertar y se solicitó la colaboración de todos los españoles y guineanos que desearan corresponder con sus versos a la mayor gloria de España y de las islas de Chafarinas. De la que no hacía falta preocuparse porque ya se contaba con una página brillante que había sido utilizada siempre con éxito de público en procesiones y en reuniones de la Asociación de Padres católicos. Miles, no sé cuantos miles pero miles de concursantes acudieron a la cita y presentaron sus trabajos en vero corriente y moliente. Y ante la expectación nacional, al cabo de análisis y probanzas, el senado de juzgadores dictó sentencia. Y precisamente cuando España, o sea, todos nosotros, esperamos angustiosamente el resultado de la pugana electoral, apareció en los medios de comunicación la letra del himno, a la espera de que otros quinientos juzgadores refrenden al juicio de los que elevaron el texto a la categoría de himno nacional a todos los efectos. No conocemos sino la letra del primer cuarteto de la totalidad del himno y, dicho sea sin acritud y sin ganas de pelea, estos cuatro versillos nos parecen ramplones, vanales, vulgares y tontos, como si el autor hubiera sido descubierto en algún cayuco varado en la costa andaluza. No es eso, no es eso. Y conste que no lo decimos para mal y hasta esperamos con ansiedad que con la música puesta el cantar resulte hasta tolerable en bodas y bautizos. Si el resto de la composición no mejora con el tiempo será obligado recordar el refranero: «Tardó en paris y parió hija¿». Y no es cosa de establecer comparaciones con cánticos solemnísimos, y significativos para acabar por maquillar el seleccionado texto, cuya anticipación en forma de cuatro versillos descuidados y ramplones. Antes de que los jóvenes, que andan a vueltas con la novísima poesía para envolver sus historias, se sientan defraudados y acaben tomando, algo que debiera ser aceptado como una señal de identidad, en burlería de pueblo. Y antes de que El Piyayo lo tome a risa «A risa lo toma la gente y a mí me da pena y me causa un respeto imponente» evitemos la resolución macarrónica de los fans, que ya cantan aquello de: ride, pagliasi, ride/ ridendo mostraroni denti». Aún es tiempo de corregirse.