Termómetros, dentistas y sífilis
Los romanos excavaron estas minas en el siglo II antes de Cristo. El cinabrio se exportaba a Roma en odres precintados y allí se elaboraba el «bermellón», producto de lujo empleado como pintura, tinte y maquillaje. Más tarde, los árabes continuaron explotando las minas utilizando el mercurio con fines medicinales y aportando al lugar el nombre de Almadén (la mina o el mineral). El descubrimiento de América supuso después un importante impulso para las minas, pues el mercurio resultaba imprescindible para amalgamar en frío la plata procedente de las Indias Occidentales. Los banqueros Függer se hicieron con la gestión de las minas en el siglo XVI por un contrato firmado con las órdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcántara como aval de sus préstamos para financiar la elección imperial y las guerras del emperador Carlos. Fue en ese siglo cuando el mercurio comenzó a emplearse también para tratar la sífilis. En el siglo XVII, Torricelli descubrió su utilidad para los barómetros y en el XVIII Fahrenheit hizo lo propio con los termómetros. En la primera mitad del XIX la Banca Rothschild controló su comercialización hasta que el Estado español recuperó su propiedad en 1921. Más recientemente, el mercurio ha servido a los dentistas para realizar empastes. Es la historia de estas minas.