Diario de León
Pedro García Trapiello

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SE IGNORA por qué le llaman parqué a la Bolsa -parqué por qué- cuando su suelo es como los propios gráficos, una alocada línea de subebaja con dientes de sierra, picos y valles en los que se da trompazos el alpinista aficionado y los listontos de Carabaña a los que engañan con una caña... y una zanahoria pintada de purpurina. Trepida la cosa bursátil. Se ensayó una debacle. Dicen que tan sólo en lo que va de enero se ha perdido tanto como lo ganado en todo el año pasado. Jodó petaca. ¿Y?... Que a palmar, así es el juego. ¿Cómo que a palmar? -dijo encarándose a su agente bancario de acciones un jubilado de Torrestío-, si me dijo usted que estos valores eran seguros. Ya, pero las cosas son así; esto es un juego y lo mismo que se gana, se puede perder. Muchos inversores de Bolsa no tienen ni zorra idea de qué va este juego. Sólamente tienen un amigo que es amigo de uno de un banco que les menea con alegría los ahorros y pensiones orientándoles, asesorándoles, informándoles... y liándoles para, al final, endilgarles las acciones que él quiere o le interesan; comisión mediante, por supuesto. Así que en estas turbulencias (para la oposición, terremoto; para el gobierno, temblorcillo), el pánico es libre y a los aficionados se les agarrotan los esfínteres sin que les quepa una lenteja por el culo. «Venda usted, que esto va en caída libre». Y vendió. Al día siguiente, sin embargo, se maquilló la gran calamidad y comenzó a repuntar la cosa. «Cagüenlaputa», dijo el tío de Torrestío que está aburrido de ir a mares financieros por los que corren las liebres y a montes donde hay sardinas, o sea, que tiene el culo pelado de ir bodas financieras con viejos soficos, gescarteras o afinsas. ¿Quiere decir que he palmado?... Pues ya ve que sí, tocó palmar, le dijo un buen enemigo de ese amigo que tiene a otro amigo en el banco. ¿Y por qué siempre palmamos los mismos, el pequeño inversor, y sin embargo flota en su ganancia el tiburón que especula y aguarda?... Porque si esto es un juego, sólo quien resiste gana. Y porque no hay en el mundo cosa más cobarde y más sin dios que el dinero. Y la calderilla es la que más se agüeva. Ya, pero el dinero es como la energía; ni se crea ni se destruye; sólo se tranforma, viaja de mano en mano y de aquí pallá, luego lo que en la Bolsa pierden unos, necesariamente lo están ganando otros... ¿Y dónde están?...

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