Diario de León

LITURGIA DOMINICAL

La enseñanza de la tentación de Cristo

Publicado por
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
León

Creado:

Actualizado:

ESTE primer domingo de Cuaresma la liturgia nos presenta las dos grandes figuras del ser humano: Adán y Jesucristo. Y nos ofrece también su respuesta ante la tentación: la confianza en uno mismo y la esperanza depositada en las promesas de Dios. Todos somos en la vida Adán y Cristo, egoísmo y donación. A todos nos gusta hacer la voluntad de Dios, pero tamizándola bien, domesticándola, haciendo un Dios que hace al final lo que nosotros queremos que haga. Jesús se niega ser el Mesías que muchos esperaban. Sus credenciales como Hijo de Dios no son los gestos espectaculares, sino la fidelidad y la obediencia. Sus milagros no son para hacerse propaganda, sino para expresar de forma palmaria la compasión de Dios hacia los necesitados, los humillados y los marginados. Su estilo de vida estará guiado por el servicio incondicional a los demás y no por la idolatría del poder. Jesús es el hombre que cree en el Padre y que tiene la misión de inculcarnos la misma confianza: creer en nuestro Padre celestial. Es lo que revelan sus contestaciones breves, firmes, sin discusiones. Él es Hijo, ciertamente, y como Hijo lo espera todo del Padre. Pero rechaza radicalmente la idea demoníaca: la tentación de utilizar para sí, para su hambre, para su gloria, el poder de Dios. ¡Y menos aún el poder de Satanás! Lo único que busca es sumergirse en los designios del Padre. Y así es como nos revelará al Padre: lo que Dios quiere nos manifiesta lo que Dios es. De este modo desbarata las propuestas del Maligno, que no tiene más remedio que huir: «Mis caminos no son vuestros caminos». Jesús nos ofrece tres actitudes fundamentales: el hombre vive de Dios, el hombre no pone a prueba el poder de Dios, el hombre no adora más que a Dios. Basado en estas tres convicciones, Jesús puede avanzar por los caminos más difíciles; su vida no estará protegida, pero resultará victoriosa. Esa mezcla de vida ardua y de vida triunfadora es la que iremos descubriendo en los evangelios. Vamos a aprender cómo un hombre puede ser el Hijo de Dios: hombre verdadero y Dios verdadero. De ahí que el tiempo de Cuaresma que iniciamos sea una invitación a revisar cómo va nuestro camino. Es, una invitación de Dios a llenarnos de esperanza en la posibilidad de avanzar más y mejor por nuestro camino de cada día. Es decir, más abiertos al Padre, más cercanos a Jesús, más confiados en el Espíritu Santo. La gran tentación del diablo es siempre la misma, la que ya puso al primer hombre en el paraíso: «Serás como Dios». Y no hay manera de ser como Dios que no pase por imitar lo que ha hecho Jesús de Nazaret: arrodillarse delante de los hermanos para lavar los pies de los discípulos. Ésa es la única manera de llegar a ser como Dios. Convertirse es comprender y aplicarnos esto.

tracking