Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Otro año más ¿qué importa al mundo?

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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PARECÍA QUE CON EL NUEVO AÑO bisiesto del 2008 algo habría de cambiar en este mundo nuestro de cada noche. Y no ha sido así. Todo sigue lo mismo. Es decir todo sigue peor, posiblemente porque la situación universal se ha hecho insostenible o porque nosotros, usted y yo y el vecino del ático, no sabemos cómo hacerlo para que los defectos se corrijan. Los señores obispos se enfadan seriamente y están a punto de excomulgar a los señores del gobierno y sus satélites. El Museillo dedicado al acogimiento de la obra del pintor Zanetti parece ser que no funciona como debiera y se teme que al final de la cuestión haya que cerrarlo y ceder al Musac el actual contenido, en el supuesto de que el Musac acepte la herencia, que tampoco está el mundo para museos, cuando nos informa el corresponsal de la casa que con el nuevo año volverán los precios estratosféricos, pero no volverán las golondrinas sus nidos a colgar, asustadas ante el anuncio de que incluso pudiera suceder que el personal hambriento y sin trabajo acabe por comerse no solamente las golondrinas, sino las palomas. Nada anuncia que para nuestro bien algo cambiará para bien y nos será posible aceptar los hechos que se sucedan con una sonrisa, pensando en que más se perdió en Cuba y ahí está Don Fidel dictando normas para mantener el cambio, su cambio. Hemos suplicado, de rodillas y con lágrimas en los ojos que se nos diera con generosidad el favor de la Lotería del Niño, que es como si dijéramos la baza de la consolación. Fuimos apartados y aparcados durante la participación de Navidad, en donde parecía flotar el número de la suerte ya en las próximas de nuestra puerta, pero ingratamente no hubo suerte y nos quedamos sin premio como nos quedamos sin abuela. En vista de cual, nos inscribimos entre los candidatos para el premio del Niño, musitando la famosa copla que decía: Cincuenta años lo esperé y viendo que no venía me suscribí al ABC¿ Y aquí le estoy esperando al premio del Niño por ver si viene o no viene, porque de los que esperan es o puede ser el reino de los cielos, cuando más un premio de la Lotería. Menos mal que la sociedad aérea, que tan a título de coña maragata le había tomado a la sociedad leonesa, de nombre «Lagun Air», que parece anunciar un paseo en el aire, menos mal, digo, que ofrece la alegría de un éxito memorable, al anunciar que en el ejercicio de vuelo del pasado ejercicio casi doscientos mil pasajeros ocuparon sus asientos y llegaron a punto a sus destinos, sin quebrantos ni vientos traidores. Para reconfortarnos se insiste en anunciar que en este año malaventurado, del 2008, el número de viajeros por el aire y para el aire se aumentará de tal modo que podremos compararnos con las Asociaciones aeronáuticas más poderosas de la tierra y del cielo. Y no como en Barcelona, donde los trenes se detienen por lo de las catenarias dejando al pasaje en el andén. ¡Aleluya! Y no es por coplear, que no está el horno para bollos, pero así que se muestran esquivos los dioses que solían acogerme en mis demandas, me dan ganas de sumarme a la mesa de negociación que constituirá el excelentísimo Ayuntamiento, tal vez, quien sabe, para conseguir dominar el déficit, sin tener que implorar ante la Virgen del Camino en Llionés, y se me vienen a la memoria, triste memoria de los infortunados, aquella elegía que me enseñaron de niño los abuelos, que eran unos judíos como la copa de un pino, y que decía: A mear bajé del tren/ y el tren se marchó sin mí./ Como mear meé bien/ pero ¡leche! me perdí,/ que quedé en el andén¿

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