Desafío extremo Aconcagua (1)
Un «siete mil» muy peculiar
Os sorprenderá el perfil de los pobladores y visitantes de este paradójico lugar, un campo base a 4.300 metros de altitud, pero con todo tipo de medios y comodidades

Hace un año y un mes escribí mi última crónica desde este mismo lugar: el campo base del Aconcagua, la montaña más alta de América y la más alta del mundo fuera de la gran cordillera del Himalaya y sus estribaciones. La ciudad de Mendoza es el punto de partida para iniciar el ascenso. Pagamos los permisos y nos ponemos en marcha hacia el parque provincial del Aconcagua. La entrada se realiza por un lugar llamado Horcones, y allí validan nuestros permisos de ascensión. Tres horas después estábamos ya en un lugar llamado Confluencia, a 3.390 metros. Es obligado parar en este punto a dormir para aclimatar nuestros cuerpos, que se tienen que adaptar a la altitud, que en esta parte del mundo pega especialmente. La causa es que el cerro Aconcagua, de 6.962 metros de altitud (prácticamente un siete mil), está situado en un centro de bajas presiones casi continuas, y otro factor determinante es que no hay bosques en ninguna de sus laderas, ni siquiera a muchos kilómetros de distancia, y por lo tanto no hay un aporte extra de oxígeno. Emilio, Kike y yo alcanzamos el campo base de esta cara sur a 4.100 metros de altitud. Las vistas del Aconcagua son simplemente bestiales. Esta cara sur es la de mayor dificultad con un desnivel de 3.000 metros y es tan difícil cualquier itinerario que muy pocos han conseguido su ascenso. Muchos han perdido la vida escalándola. Es una locura sólo intentarlo. Yo sé que jamás en mi vida ni siquiera se me pasara por la cabeza escalar esta implacable cara sur, que en estas latitudes es la que recibe más nieve, frío y vientos huracanados, pues equivale a nuestras caras norte. Regresamos a Confluencia. Me resulta muy curioso observar la gran cantidad de personas que ascienden por esta ruta y eso quiero verlo y grabarlo para nuestro programa de televisión Desafío extremo. Nos registramos ante los rangers , pues ellos controlarán cuándo salimos del parque y te enseñan las normas de obligado cumplimiento. Hay dos fundamentales. Primera: las referentes a la salud y a no negarte a realizarte un control médico si ellos lo consideran necesario. Segunda norma de oro: el cuidado del parque. Jamás se tirará basura y en los campos de altitud se emplearán bolsas especiales para hacer nuestras necesidades orgánicas que bajaremos al campo base y mostraremos . Es agradable saber que todo está muy limpio y las normas se cumplen al pie de la letra. Una vez en el campo base buscamos entre la ventisca nuestro campamento. Hemos contratado una empresa que resulta ser la mejor de la zona. Nos sorprende ver tiendas comedor tipo domo de un lujo al que no estamos acostumbrados, otra tienda con doce literas. Es algo increíble para un campo base. La comida es simplemente excepcional, el servicio, de una amabilidad exquisita. Disponemos de servicio de teléfono e Internet. Estamos unas 800 personas. Disponemos todos los que aquí estamos de servicio gratuito de helicóptero en caso de evacuación por problemas de altitud u otras causas. Hoy, día 8, estoy escribiendo esta crónica desde la comodidad de mi saco de dormir. Mañana subiremos a los 5.050 metros a un lugar llamado campo Canadá a aclimatar, y descenderemos en el día al campo base. Tenemos que realizar los llamados dientes de sierra. Sube alto, duerme bajo. Es el mejor sistema de aclimatación para alcanzar un estado óptimo para el día de ataque a cima. Hay que recordar que aquí el aire está especialmente enrarecido y necesitamos una muy buena aclimatación. Lo mejor, que en este campo base hay de todo, es como un pequeño pueblo, pero esto ya os lo constaré en la siguiente crónica, pues os sorprenderéis de los pobladores y visitantes de este paradójico lugar a 4.300 metros de altitud. ESCRIBE: Siga la aventura en: www.jesuscalleja.es