Diario de una aventura Desafío extremo Aconcagua (2)
Los peligros del mal de altura
En ninguna otra montaña hay tanto problema por la altitud: hace unos años morían una media de diez personas por temporada y todavía hay dos o tres muertes por año
Kike, Emilio y yo seguimos en el campo base, a 4.400 metros de altitud. Es importante estar el mayor tiempo posible a esta altura, aunque para una montaña de estas características sería mejor situarnos al menos sobre los 5.000 metros, pero no es posible. El día 9 ascendimos a Campo Canadá (5.050 metros) para forzar en lo posible la aclimatación. Subimos bien, aunque el día era terrible: rachas de viento fortísimas y mucha nieve en la ruta, incluso algo de viento blanco nos enganchó en el descenso, pues ese mismo día regresamos al campo base. Ese mismo día se perdió un ucraniano, al quedarse rezagado del resto del grupo de compañeros. Pasó la noche a la intemperie a unos 6.500 metros. Lo rescataron unos catalanes, pero con graves congelaciones de dedos. Lo evacuaron ese mismo día. La conclusión que saco de esta gran montaña del Aconcagua, es que el tiempo atmosférico cambia muy rápidamente y existe un microclima propio de este cerro que actúa de manera impredecible y a mucha velocidad. Aunque los partes meteorológicos sean aceptables o buenos, la situación cambia radicalmente en minutos. Estamos a menos de 200 kilómetros del Pacífico, donde se mezclan las corrientes frías provenientes de la Antártida, que suben hacia el norte pegadas a la costa sudamericana y se mezclan con corrientes más cálidas. Este efecto produce mucha evaporización de agua, dando lugar a fortísimas lluvias. También puede provocar el efecto contrario: sequías prolongadas. Este fenómeno, llamado el Niño, se produce cada cinco años y toca en el 2008, por lo que los fenómenos más radicales e inesperados se pueden producir, y aun más a las alturas en las que nos encontramos. Ya lo hemos visto con nuestros propios ojos: llegamos con fuertes nevadas, aparato eléctrico, viento blanco en altura, y temperaturas muy bajas. Hoy, día 11 de febrero, estoy en el campo base achicharrado de calor, oyendo por la radio que los que han hecho cima estaban sin guantes del espectacular día. Sólo han transcurrido veinticuatro horas. El Aconcagua ha pasado de estar como un merengue de nieve a prácticamente pelado en ese corto espacio de tiempo. La verdad es que parece magia estos brusquísimos cambios del tiempo. Y además hay que tener en cuenta que cuando se avecina el viento blanco , el barómetro se desploma, teniendo la sensación de que la altura aumenta considerablemente, pues la densidad de aire desciende en la misma proporción. Estos fenómenos y otras causas que ahora hablaremos hacen que la enfermería esté llena todos los días. Hay hasta veinte personas haciendo cola para que les revisen médicamente. Unos por simple precaución y otros porque el mal de altura en esta montaña se siente de una manera especial por todas estas causas climáticas, además de su situación geográfica de bajas presiones constantes y la ausencia de zonas boscosas a muchos kilómetros de distancia. Toda esta combinación de factores hace estragos en los cuerpos humanos. Basta oír a los médicos para conocer las consecuencias: en lo que va de temporada (tres meses) han atendido una media de tres edemas (pulmonares y cerebrales) diarios, sin contar los numerosos casos de mal de altura en diferentes estadios, algunos de extrema gravedad. El helicóptero prácticamente evacúa todos los días a dos o tres enfermos en estado muy preocupante. Casi todos los problemas son resultado del mal de altura. En ninguna otra montaña se dan tantos problemas sobre altitud, y gracias a la incorporación del helicóptero y de un excelente equipo médico, se salvan muchas vidas. Hace unos años morían una media de diez personas por temporada. Todavía ahora hay dos o tres muertes cada temporada. ESCRIBE: Siga la aventura en: www.jesuscalleja.es