Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

El último debate

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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ESTÁ YA PERFECTAMENTE CLARO y comprobado que la sociedad española no podrá prescindir de un procedimiento de relación tan importante y eficaz como es el debate. Por debate debe entenderse, en el árido territorio de la política, toda aquella cuestión que se plantee y se intente resolver por las buenas que tenga y debe tener un fundamento social, económico, cultural y hasta religioso. Se debate para alcanzar al final del cuestionamiento la razón o si se prefiere la victoria, aunque, dicho en honor a la verdad del caso, en el debate nunca existe realmente un vencedor ni un derrotado, porque en cualquier caso siempre de los dos contrincantes será seleccionado uno de los dos. Cada uno por la parte que le corresponda: familiar, fidelidad, obediencia debida o rendición partidista. Cada una de las partes se verá en el trance dramático de jugarse su razón en la parte de contienda en que está llamado a opinar. Se opina tanto de lo que se sabe como de lo que se ignora. El caso es ofrecer una de las caras del asunto y que el rival disponga de tiempo, de lugar y de variante que le permita establecerse como parte contratante y variante. En España era, fue, costumbre desde los tiempos más remotos, de la discusión de familia, entre vecinos y a la sombra de nuestras ambiciones personales: Para ser concejal, por ejemplo y sin que sirva de motivo de disgusto, tampoco hace falta disponer de muchos saberes ni de imaginación suficiente como para conseguir epatar al rival sin necesidad de llevar la sangre al pantano. Basta mantener su condición de servidor de una partida política y de aceptar sus reglas, sean estas tan contradictorias como parezcan. Para diputados, ya la exigencia es mayor, no porque la diputación requiera más conocimientos, ni mayor preparación técnica, sino porque en el juego político, un diputado tiene más relevancia que un concejal aunque no más compensaciones económicas, porque los recursos de un concejal no se limitan a lo que pueda establecer la Ley de Bases, sino a lo que de el trapicheo de la manipulación de tierras, mares y aires¿ El hecho evidente es que en el capítulo de usos y consumos de la nómina general hispánica el debate se ha convertido en una forma, una costumbre, una manipulación apta para el juego social del individuo y ya, en el estado en el que nos encontramos, el debate se ha elevado a la categoría de motivo fundamental de relación entre vecinos, amigos, correligionarios y profesionales de enseñanza media. El espeloto, madre, le guarde Dios, cuando no tiene nada que hacer, en lugar de matar sapos, monta un debate y a poco que se insinúe con sus compañeros de acampada, termina por establecer el debate, en el cual incluye tanto las relaciones políticas, como las cuestiones religiosas o domésticas. Nuestro anterior sistema de la bronca familiar o vecinal se ha convertido en debate. El último debate correspondiente a la convocatoria del año, nada feliz, de 2008 en el cual los unos, los otros, los de arriba y los de abajo, se afanan en demostrar que toda la razón es de quien ganó la partida, quedando para vestir santos políticos en otra convocatoria los que murieron en la contienda. Montesquieu, ya nos alertaba sobre esto cuando decía: «He observado que para prosperar en este mundo, hay que tener aire de tonto, pero sin serlo¿»

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