Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

La hora de contar las bajas

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

Creado:

Actualizado:

SUCEDE QUE ASÍ que termina la batalla, los encargados de la sanidad y de la limpieza pública y adorno real de la Ciudad, recogen sus muertos, hospitalizan a sus heridos y cuentan sus bajas. Porque en todas las guerras, y las elecciones nacionales son lo más parecido a una refriega de rufianes, tienen bajas: muertos, heridos, huérfanos, mujeres violadas, niños armados, etcétera, etcétera. Durante un tiempo de auténtica pasión, los españolitos madre nos siga guardando Dios, han dedicado su tiempo y su coraje a destruir tópicos, a desvelar secretos, a perturbar ideologías. Sencillamente para acabar con el enemigo. Y por tal se le tiene al vecino que apareció cargado con sus ilusiones políticas a cuestas y fue cercado por los pérfidos enemigos que no aceptaron en ningún momento la posibilidad de renovar su equipo de ideas. Aunque algunos de los combatientes más activos, preguntan o se preguntan para estar seguros de algo: ¿Pero en las guerras, sean políticas, económicas o religiosas cuentan algo las ideas? ¿Existen ideas donde hablan las escopetas o se imponen las calumnias? El caso es que en España está sonando la campana que anuncia la necesidad de revisar los motivos que impusieron la acritud con que los españolitos, madre contemplaron la figura del contrario, del rival, del enemigo. Durante un tiempo que no podremos ya rescatar para nada positivo, millones de seres humanos, que fueran llamados para la convivencia, para el entendimiento y para la solidaridad, se entregaron al juego sucio de las asechanzas traidoras para dar con el enemigo en tierra. Y la tierra se ha llenado de un silencio renovador. ¿Lo aprovecharemos o seguiremos pendientes del resultado de los últimos insultos? Un día, lo recuerdo con rubor, se me ocurrió, en un encuentro de los llamados de entendimiento civilizado, sugerir la posible identidad política de un personaje real del azar electoral con un figurante cinematográfico, al cual cabían la atribución de muchísimos méritos y cualidades solamente enmascaradas por un cierto estilo cómico muy contagioso. Y se me echó al cuello con las garras afiladas el mentado político, al que no encajaban los méritos del cómico. Y ello me sirvió de lección para contener mis efusiones verbales o mis menciones sicológicas por temor a que el patrón aludido y poderoso no se me enredara al cuello y me ahogara en mis propias confusiones. Porque esto es lo que tiene la democracia mal entendida: Que cada contrincante aprovecha lo que del discurso le conviene o le aprovecha. Ya se terminaron los cálculos. Han sonado los clarines que obligan a contar las bajas provocadas en cada bando. Y consecuentemente también el momento de ponerse de rodillas y suplicar perdón por tantísimas provocaciones lanzadas sobre el enemigo. Ya es lo que puede ser. Ni azul ni rojo. Ni lo uno ni lo otro, ni siquiera lo contrario. O admitimos la lección derivada de la guerra apagada o acabamos todos ardiendo en la misma llama. Quizá ha llegado la hora de ser intransigentes frente a la intransigencia.

tracking