Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Si las mujeres mandasen

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VICTORIANO CRÉMER
León

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PUES YA MANDAN. Que nos sea leve la prueba y que todo lo que resulte sea para bien. Si las mujeres mandasen, se cantaba en una famosa zarzuela baturra, en vez de mandar los hombres (que de eso se trataba desde Viriato hasta la muchacha elevada a la categoría de embarazada de la Defensa) pues si este evento histórico que estamos pasando sucediera (nos decíamos los varones con una sonrisa traidora en la boca) serían balsas de aceite los pueblos y las naciones. Bueno, repito, pues ya mandamos las mujeres me dice la vecina del entresuelo. El gobierno que se dispone a gobernarnos, cuenta con más mujeres que hombres. Y no quiero decir, por hombre, si esto va a redundar en beneficio o en un nuevo motivo de cabreo nacional. Son nueve mujeres y todas ellas buenas, frente a ocho varones, no todos los bastante buenos como para preferirlos a la hora de la verdad. Las mujeres y los hombres, creo que sin excepción, prometieron unas cuantas leyes o principios para el mejor gobierno de la ínsula, planteando fórmulas tan decantadas y lógicas como las de desear el mejor entendimiento entre los unos, los otros y los de más allá y el ajuste de los precios de artículos tan necesarios como el pan, la leche y el vino tinto con o sin sifón. Las buenas, buenísimas mujeres que prometieron el cargo aparecían emocionadas, encantadas y decididas a desquitarse de tantísimos años y hasta siglos en que fueron sometidas y convertidas en objetos de adorno y en sacristanas de oficio. En honor a la verdad y a fin de que no me sean atribuidos talantes hipócritas declaro que no estoy conforme con el reparto de puestos de gobierno y que si me fuera permitido por la ley del reparto democrático, algún maromo de los supervivientes todavía sería apartado del puesto que consideraba que tenía allí para toda la vida y parte de la jubilación eterna, sencillamente, o no tan sencillamente porque ni están todos los que son y valen para algo ni valen para nada algunos de los que aparecen agarrados al cargo con ambas manos y todos los dientes, incluso los postizos. Bien está, si está bien, que las señoras más o menos estupendas y mejor o peor preparadas accedan al puesto de regir alguna parcela de obediencia nacional, pero pensamos los de infantería, que tenemos que pagarnos hasta el importe del autobús, con suelditos de indigentes, digo y repito que precisamente los que no contamos con ingresos tan gordos como los que disfrutan desde el concejal altivo al que pesca en ruin barca, son los que exigen un cuidado superior todo lo indiscreto que parezca pero que baste para el alimento de la familiar sin necesidad de dormir bajo el puente de San Marcos. Considero que ni en los discursos prologales ni en las confesiones de los interesados se advierten ninguna especial mención a la urgencia y necesidad de atender primero a los que han hambre y sed de justicia. Que luego vendrán los festejos. Sobre todo piensen, las que estén en condiciones de pensar, en que como dejó escrito Kipling¿ «La más tonta de las mujeres puede manejar a un hombre inteligente, pero sería necesario una mujer muy hábil para manejar a un imbécil»¿ ¿Me entiende usted, señora?

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