Diario de León
Pedro García Trapiello

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SI LLORA un paisano (y a no hacerlo se enseña y se manda), no hay piedra que no se conmueva o contagie. Se sabe rápido si la lágrima varona es de cocodrilo o si nace de un corazón con la torga rota para anegar el surco de la sinceridad. Las que se vieron en la cara de Rafa Guerrero abrazándose a Raúl, a Cannavaro y a toda la tropa futbolística que pisaba el domingo el Bernabéu en su despedida del arbitraje puede jurarse que eran hijas de emoción cierta, lágrimas de adiós sentido, adiós a correr la línea del viejo linier que ahora llaman árbitro asistente o auxiliar, que suena a cosa administrativa; llamémosle juez de línea, como en el tenis, y quede así sentada su autoridad, tantas veces negada. Rafa Guerrero culminó así una trayectoria de valentías y polémicas, con brillo propio en cualquier caso y personalidad sobrada. Pero si polémicas y sonadas pudieron ser algunas de sus decisiones, no es menos cierto que redimió de su papel segundón al ninguneado linier. Con él en el campo las cámaras no eludían al correlínea de cuya vista aguzada depende un penalty decisivo y sobre el que recaen más directamente las iras punzantes de la grada contigua que le sopla venablos en la nuca. El espectáculo del fútbol (que ya es más que deporte) le echará mucho de menos. Ni rendido ni vendido, pudo ser su máxima; antes roto que doblao. Rafa lucía esa estirpe cazurra del fuero antes que el huevo. Y ha venido a ser la exasperación de árbitros titubeantes, el azote de delanteros listines y defensas de zancadilla artera, ojo de halcón con banderola de castigo, fiscal del reglamento y látigo de enterados. Al igual que los toreros se cortan la coleta en su retirada de los ruedos, ignoro si al despedirse de oficio la gente del arbitraje se corta el pito, pero en el caso de Rafa jamás lo creería, pues no parece haber dejado nunca de echarle a la cosa criterio y pelotas. Así se lo han reconocido hasta los propios damnificados de alguna de sus decisiones y todos los que orbitan en el universo del balompié. La de Rafa es la rúbrica de una nombrada serie de leoneses en el arbitraje (Blanco Pérez, Valdés Sánchez, Turienzo, Isidro, Llamazares, Bultó...). En la larga línea que ha de correr ahora en su vida, suerte se le debe y desea, porque el genio y la figura a todas luces los pondrá él.

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