Diario de León

El paisanaje

Zapatero encontró petróleo

Publicado por
Antonio Núñez
León

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EL DE LOS camioneros es un gremio con bien merecida fama de servicial y amable. Tienes un pinchazo o una avería donde cristo dio las tres voces y rápidamente para uno y te echa una mano o, mejor aún, una manaza si tú no pasas de ser un manitas del gato, el neumático y la biela. Otras veces vas de día por una carretera, ves media docena de camiones aparcados frente a un restaurante y no merece la pena consultar la Guía Michelín, porque allí está garantizado que se come bien. Otra cosa es que te cobren el doble que a ellos. Y, si te pilla la noche en el camino de la vida y topas en el quinto pino con un bar de muchas luces de neón, donde hay señoritas que fuman y diez remolques a la puerta, seguro que encuentras compañía. Auténticos caballeros de la ruta, en fin. Estos días los camioneros andan cabreados y ya no son lo que eran. Menos la Guardia Civil de Tráfico todo el mundo los apreciaba. Al parecer la mala leche se debe a la subida del gasóleo, que ya no les deja margen ni cuneta para aparcar de día en los figones ni de noche en las otras áreas de servicio, cuando todos los gatos son pardos. Tienen razón cuando dicen que así no se puede vivir, sobre lo que, puestos en su lugar, estamos todos de acuerdo. Otra cosa muy distinta es que el encabronamiento del sindicato de los cuatro ejes lo estemos pagando los demás, el Gobierno no, sólo porque a ellos les hayan partido por el eje. Oiga, aquí el que más y el que menos está doblado con la subida del gasóleo de la calefacción, del depósito del coche a plazos y del escaso repostaje en que eso se traduce malamante luego en los convenios colectivos. Ahora los mercados están desabastecidos y es lo que decía ayer el pescadero del barrio mirándole a los ojos a la última sardina del mostrador: «Tú, desde luego, no tienes culpa ninguna». Aunque tarde, el Gobierno ha descubierto petróleo en la crisis, o viceversa, que para él van a ser un pozo crudo de conflictos sociales después de cuatro años de desentenderse del asunto y dedicarse a pajas mentajes, inventar un ministerio de paridas y paridades de género o desenterrar huesos por las cunetas de eso que llaman memoria histórica y que le gente razonable recuerda con un ramico de flores donde se le murió de mala manera un pariente o una amistad en accidente de tráfico. A unos los atropelló Franco y a otros la República y lo demás son ganas de desgraciarse en la misma curva. Los problemas de los transportistas son básicamente idénticos a los que tiene la profesión de un servidor. A saber, somos muchos, nos pagan poco y, a mayores de la gasofa para ir y venir de casa, no hay curro para todos. En los tiempos que corren eso le puede pasar a cualquiera y no seré yo el que recomiende a los del transporte reconvertirse al periodismo, a la construcción, a la minería u otra vez al arado. La ministra de Fomento, Magdalena Alvarez, ha negociado con dudoso éxito un «paquete de 54 medidas potentes y de choque contra la crisis del camión». Coño, con esos adjetivos no es de extrañar que fracase la propaganda gubernamental. Tal como se está combatiendo el problema del petróleo y a falta de estrategias políticas que no sean las de poner paños calientes, se propone desde aquí ir al grano, pero para todos. O bajan los moros el precio del petróleo o invadimos otra vez Irak después de la retirada de tropas, echamos a los americanos y nos hacemos los amos. O mandamos desde León la Unidad Militar de Energencias (UME) a ocupar China y la India, cuya población se multiplica como los topillos, por su creciente y desmesurada demanda del oro negro (con dos inundaciones del monzón y tres terremotos sería suficiente). O potenciamos el yacimiento de crudo de Valdeajos (Burgos), que empezó a perforar Franco, ya con flebitis. También cabe la posibilidad de recurrir a la energía nuclear, por mucho que Zapatero, presidente atómico, jure que no tenemos agua para refrigerarla. No será por la que cayó el mes pasado en el patio de mi casa, que cuando llueve se moja como los demás. O construir todas las carreteras cuesta abajo para cuando la economía se ponga en punto muerto, según la última teoría del abuelete Solbes, el que ya dejó tres millones de parados cuando Felipe González. El conflicto de los camioneros tiene muy mal arreglo, porque si falla el motor, mal asunto, pero, si no hay gasolina, peor. Y no valen tampoco las nuevas recetas de la ministra de Igualdad, Bibiana Aido, a la que el día menos pensado se le ocurrirá poner en las cabinas de las camioneras calendarios de Explosivos Riotinto con tíos macizos como sus abuelos de Altradime o de Fenadismer colocaban a Marilyn Monroe y los padres a Ana Obregón o sus hermanos a Marta Sánchez. Eso alegra bastante la vista, pero no el paisaje del sector.

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