Diario de León
Pedro García Trapiello

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ESA PAZ que formaliza el congreso de los populares no es pax augusta , sólo tregua, aplazamiento de la ofensiva final que tendrá lugar -Dios y unas primarias mediante- dentro de tres años. Lo dice el guión. Lo esperan unos cuantos centuriones. Lo maquina Pedrojota. Lo predica Fegueguico. Lo bendice un cardenal de paisano. Lo aplaude el cuartel de invierno. ¿Quién cree en estas calmas después de tanta pedrada en el ojo?... Rita Barberá quiso restar importancia a los prólogos belicosos que precedieron a este congreso de «la balsa de La Medusa» que flota en lo que fue el charco de alborotos, apaciguadas las ranas saltarinas. Alegó que a los socialistas les pasó exactamente lo mismo desde 1996 hasta que al pastorcillo Zapatero se le apareció una virgen laica (y a sus siglas en campaña final, una carambola de trilita con mucha triza mora que Aceves sirvió forrada en una mentira burda y con un tiro por la culata). Doña Rita no es santa, pero podrían nombrarla patrona de lo imposible; lo parece. Porque si a Rajoy le traicionaron los idus de marzo, los idos ya le socavan... y los venidos, a ver. Ni esta es la pax augusta que permitirá ensanchar el imperio, ni el líder en su peana y loor será el definitivo. En marzo de 2012 el cartel popular tendrá otra cara. Lo profetiza un militante de aquí que tuvo mucho cargo y correaje en el cerebro (el correaje lo conserva). A Rajoy le han puesto un circo en el atrio y le crecen hasta los primos. Su cabeza de precursor se servirá en bandeja tras la danza de los siete velos que escenificará Aguirre (o la cólera divina). Y más: a Fegueguico le pondrán proa en la Copular, pero le crecerán los púlpitos de una derecha necesitada de oradores indenciarios que quemen a Zapatero en la hoguera del bien y del mal. «Nos hace falta un predicador, un mesías de verdad», dice. Y un Merlín con piedra filosofal que convierta el plomo de la crisis en oro del que caga el moro (que lo caga ciertamente, pues come petrodólares), un Merlín de la economía, digamos Rato. Y ya sólo falta en el cartel una brava Agustina de Aragón que se apellide San Gil. Hé aquí la trinidad electoral con la que sueñan quienes piden caña, autoridad y tentetieso... la vuelta al triunfo vertical, a las montañas nevadas (el cambio climático les parece pamplina) y a las banderas al viento.

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