CRÉMER CONTRA CRÉMER
¿Está el horno para bollos?
LA PREGUNTA es delicada y difícil. La respuesta mucho más. Porque tal como están las cosas, pensar en montar un festival de la índole del que el municipio de León está dispuesto a engranar, es como para comer cerillas, cuando menos. Porque no sé si el personal de esta jurisdicción se da cuenta, pero la situación en estos momentos es como coger la manta y la hamaca y salir pitando para la Habana. Hace apenas una jornada cuando se acusa en el informativo obligado del país que un hombre, un trabajador, un asalariado, aunque en paro técnico reivindicativo, ha sido arrollado por una furgoneta que pasaba con urgencia y dejó el cadáver en medio de la calzada. A continuación o como añadidura de este muerto, nos enteramos a través del noticiario público de las amas de hogar, que se están acabando los recursos y que no hay leche, por ejemplo, ni buena ni mala, para dar a los niños y para los ancianitos¿ También nos aseguran que de patatas ni hablar y que el chicharro y la sardina ni en Santurce. O sea, que el abastecimiento del personal se encomienda a la Virgen del Camino porque los asentadores no disponen ni de una raspa de bacalao para el arroz. Está en personal que trabaja y produce algún eficiente para ir tirando cuando menos en huelga de brazos caídos y de estómagos parados. Y nadie acierta a solucionar el problema, el gravísimo problema del cual puede depender la desaceleración o el hundimiento de la confianza. Decía un famoso político de los de antes, que era cuando los políticos además de gobernar, decían cosas muy oportunas y aplicables a cada caso, que «había perdido la confianza en la confianza» refiriéndose al Rey reinante. Y no se supo nunca si la frase fue oportuna y necesaria o se trató de una ambigüedad como las que ahora y en la hora de nuestras huelgas se consumen como pasto de la ineficacia. El caso es que seguimos sin azúcar, sin chuletas de cerdo, sin naranjas de la China, sin casi nada y precisamos cuando más acuciente y dramática es la situación del personal, va el señor Ayuntamiento, con sus vices y sus añadidos folklóricos y sonoros de gaita y pandero, y anuncia que ya tiene más o menos hecho y derecho el programa de Fiestas para San Juan y San Pedro. Y la verdad es que la mayor parte del vecindario, salvando los que viven bien de eso, así que se enteraron del asunto, se echaron a llorar. Y fue inútil que se les anunciara, para alegrarles el semblante siquiera, que habrá reunión de gigantes y cabezudos y bailes de gaita y de castañuelas y que en definitiva, para cubrir cualquier estado de opinión contrario a las prescripciones oficiales el gasto que se previene, es el más discreto y manejable de todos los presupuestos festeros de la historia y se fija en un total de 767.000 euros los previstos para picos, palas y azadones, como en las cuentas del Gran Capitán. ¡León comienza a arder en fiestas! ¡Viva Pérez de Guzmán!