Diario de León
Pedro García Trapiello

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NOS dan algún problema los nombres (y lo que se nombra) por llamar a una misma cosa de diferente forma: bieldo, bielda, bilda, bildeo... Al edificio macizo que corona el repecho de la carretera de Asturias saliendo de la ciudad por el parque móvil lo llamábamos popularmente los Cuarteles; también cuartel de Almansa, en general (o teniente general); acuartelamiento de San Marcelo, en administrativo más reciente; regimiento Burgos 36, en militar, creo; y depósito de Sementales, en mamporrero antiguo, que allí hubo percherones de cuadra militar para monta propia y cubrir de paso a la cabaña provincial pagándose no sé qué tasa, hispanobretones con mangos como cimborrios y mechón de pelambre en los tobillos, burránganos de setecientos kilos que los llevaban hasta San Marcos antes de ser parador (que también viene de parada, con o sin monta) donde les esperaban las yeguas del paisaneo civil y rústico. Bajaban por la cuesta pindia de mi barrio donde sacaban chispas del suelo con los cascos y agüevaban con su envergadura y sus esparabanes a los reclutas y chortas que les llevaban del ronzal en corto, con la mano junto al bocao o freno -ay, que muerde- resoplando las bestias por los ollares como gañán que va a putas y desorbitando el ojo con espanto, ozú, qué mieu. En las garitas de la entrada de aquellos cuarteles había siempre soldados de correaje con casco imponente y guerrero, exacto al del ejército nazi del III Reich, y aquellos pobres tipos de guardia y voceados por sargentos me inspiraban más temor que los caballazos que se espantaban o lanzaban tarascadas de coz y quirófano, así que, si teníamos que pasar por delante, cruzábamos enfrente, donde no había ni acera, pero sin dejar de echar algún reojo temerosos de que salieran por nosotros o se les escapara algún tiro tonto o novato. Volarán lo mayor de esos cuarteles. Se va a edificar en el sitio. Da pena que tanta edificiación no sea reutilizable y se la coma la dinamita, pero la verdad es que la cosa es fea de cojones, que es con lo que tantas veces se diseñan los establecimientos militares o las ciudades amuralladas, menos los fuertes militares que construyó España en el XVIII junto a la frontera portuguesa con alarde, gusto, granito y lógica. No has de morir sin verlos. Fascinan.

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