CRÉMER CONTRA CRÉMER
Lo que faltaba para la rebelión en la granja
LAS muy señoras nuestras de la Inglaterra anglicana, se han levantado de cascos, en el buen sentido, para exigir que le SínodoGeneral de la tal Iglesia anglicana acepte que las mujeres consigan obtener por derecho y vocación, el título y el puesto de Mujer-Obispo. El Sínodo General que viene a ser como el Concilio de Trento pero en inglés aprobó una moción que contempla la elaboración de un código de conducta que permita a las parroquias más conservadoras no tener contacto con las mujeres-obispos, dificultad o inconvenientes para ser eludidos se acepta la creación de mujeres-super-obispos. Con lo cual según se desprende de algunos textos magistrales la mujer inglesa se incorpora en calidad de Obispo o de obispa, según se diga en bastardo, y puedan convivir en paz y en gracia los sinodales de la iglesia anglicana y la Unidad cristiana vaticana que dirige, más o menos, como en España, el arzobispo de Canterbury. Y aparte lo que la operación mística de convertir a la mujer en Obispo, supone es indudable que la operación británica tiene fondo y superficie para ser recogida como una de las facetas revolucionarias más importantes y acaso, quien sabe, también más duraderas de nuestro tiempo. Porque hemos visto, estamos contemplando y sufriendo, no sin dolor de nuestros corazones católicos, apostólicos y leoneses, cómo la mujer, ya en la cresta de la ola de su transición personal, cambia de estilo de vida, de modo de vestir y de desnudarse, de aceptar las ordenaciones del Santo Padre de Roma, se dispone a aceptar la titulatura de Obispa, para de este modo abarcar todas las fundamentaciones que califican a la mujer de nuestro tiempo. Aquí lo de la canción de Los Panchos: «Si tú me dices ven, lo dejo todo» y la mujer (anglicana, católica, budista o episcopaliana se dispone a regir el espíritu de las gentes para de este modo o del que se considere más eficaz y apto para el ejercicio de su misión), sin esperar a recibir la consigna del grupo político o religioso del que dependa se dispone a entrar a saco en Seminarios y centros de transformación para comenzar a pensar en el movimiento religioso de la católica España, hasta conseguir que la profesión de Obispa pueda ser incorporada a cualquiera de los textos religiosos o seglares que puedan manejarse como oficios o vocaciones dignas de ser atendidas. En España también existen párrocos, ecónomos y hasta sacristanes que preferirían un diaconado a andar de tablado en tablado enseñando la nalga, pero tampoco es cosa de desdeñar esta evolución de la mujer y su elevación a la ordenación del obispado. ¿Por qué en nuestra página laboral y religiosa no aparece ninguna mujer propiamente dicha? ¿Qué pecado ha cometido para que no le sea posible alcanzar el puesto que hacia la gloria también conduce a los anglicanos?... ¡Vaya por Dios!