CORNADA DE LOBO
Sopa de preguntas
HAY muchas mesas sin conversación, sin ganas de tratar de nada, mesas de lengua vaga que parecen más muertas de boca que un refectorio trapense amorrado al frugal pesebre y haciendo del gozo un trámite por no pecar ni de gula ni de gusto. Al efecto, y para conjurar silencios modorros, se aconseja servir algunas preguntas que siempre encienden discrepancias: el pan de las sopas de ajo ¿ha de cocer en la cazuela o ha de estar seco en su plato o cazuelo vertiéndose el caldo encima?... ¿por qué se les puede propinar un huevo y no chorizamen?... ¿come alguien estas sopas de ajo añadiendo un vaso de leche colmado?... los hay. Los valencianos -y algunos cocinillas de estas lejanías sin arrozal- se ponen como una mascletá al lanzarles la pregunta de si la paella debe llevar o no cebolla. Arden las posturas. Cebolla y tortilla provocan lo mismo. En tocando a gazpachos, ajoblancos, salmorejos y otros caldos fríos de huerta no hervida, bronca habemus: ¿es gazpacho algo que no lleve pepino o ajo?... ¿quién ha probado la lechuga con azúcar?... y una tortilla francesa sin sal y con azúcar ¿quién se la mete?... ¿puede echarse pimienta al chocolate de taza?... ¿por qué se comián antaño los pimientos asados con mantequilla y miel?... ¿pueden freirse los garbanzos con aceite y no tocino?... ¿por qué algunas morcilleras añaden al mondongo galletas lo mismo que hay quien les echa pan y hasta calabacín?... ¿debe la tortilla comerse caliente o fría?... y las truchas ¿frías o calientes?... Tú pregunta. Hablar de comida es buen socorro para mesa muda. Hablar de lo que se come o se ha servido es un « te deum » de respeto debido a quien cocinó, una concelebración de poder comer cuando hay tantos que sólo mastican aire y rabia o engullen una poca de bazofia, engrudo, mijo escaso, una escudilla de arroz para todo el día. De este hambre ajena también ha de hablarse en la mesa, aunque la etiqueta y el memo lo consideren de mal gusto. Y caben preguntas: ¿Por qué unos no alcanzan a comer ni siquiera lo que tiramos sin duelo?... ¿por qué tenemos aceptado que aún hoy se pueda morir de hambre... y mañana el doble?... ¿a qué tiene derecho quien atraviesa las furias de una gazuza mortal?, ¿le sería perdonado que matara por ello?... En cualquier caso, jamás comas solo. El silencio mata los sabores.