Diario de León
Pedro García Trapiello

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EMPAREJÉ el otro día en una carta a Sarah Palin, candidata a vicepresidenciar la Casa Blanca, y a José Bono, presidente del Congreso, porque ambos tienen en común algo sustancial, la fe, la creencia en un mismo Dios, aunque la gobernadora de Alaska es cerrilmente creacionista (descendemos del barro divino), mientras que Bono -que cuestiona y progresa en su fe- sabe que Dios no se muere por admitir lo evidente, que nos hizo descender del mono, algo que a Theilard de Chardin no le confundió en sus principios ni desarmó su teología tocada de un darwinismo sutil que escandalizó tanto al clero de su tiempo. Total, que les emparejé invitándoles a charlar, ponche mediante, convencido de que no le será difícil a Bono persuadir a Sarah Palin para que modifique su dogmatismo. Argumentos le sobran, lo mismo que elegancia, culta seducción y caballerosidad divertida. En ciertas formalidades (esa corbata) y convicciones (esa fe), harían buena pareja, sin dejar de ser extraña pareja, órbitas incompatibles y repudio asegurado cuando la Palin (furibunda antiabortista) se entere de que el Congreso que preside Bono debatirá y aprobará una nueva ley del aborto. Sus cinco hijos lo demuestran; y le sobra tiempo para gobernar toda Alaska; por eso la comparan con la Tatcher y dicen que es una dama de hierro (las mujeres de hierro me dan un no sé qué, pues siempre imagino que tendrán alicates en vez de esfínteres, cosa que tiene su pavor). Pero sube el tirón de esta señora entre su peña, que la vió apaleada, Acto seguido, triunfa sobre sus desdichas (o las lleva en brazos, como a su crío con dawn, pobrecín, ¿quién no se conmovió con esa estampa de madre madraza y cuántos votos de admiración o compasión no pillará esa foto). Ha recortado ventajas de Obama, que apelará a Hillary para que no se le fugue el voto femenino sentimentalón o confundido. Añade a su imagen, una elegancia modosa, un peinado gagá de campus privado ideal para las retromodas de ahora, abrigadita ella, muy formal y decidida, cuarentona juvenil de gafa empollona y con un lejano visage de la Claudia Cardinale. Amén de prensa seria y política, acapara ya el eco rosa de tripa y corazón con su novelón familiar. Pillará foto y Obama sabe que ha recibido un «derechazo».

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