Diario de León
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El número preciso de pacientes de Alzhéimer (425.000 en encuestas epidemiológicas, 600.000 para la mayoría de especialistas y 800.000 según algunas asociaciones) es apenas una anécdota para subrayar la trascendencia de su detección precoz. Porque el retraso diagnóstico, que en España ronda el año y medio, agrava en la práctica la enfermedad: el deterioro cognitivo leve se convierte en formas más severas a un ritmo del 10-12% anual. Y sobrecarga, además, el peso que soportan las familias, que cuidan en casa al 85-90% de enfermos. Precisamente ellas son, por su cercanía, las que mejor pueden detectar el comienzo de la enfermedad, que nada tiene que ver con despistes típicos como ir a una habitación y olvidar momentáneamente el motivo o «no salirte el nombre» de alguna persona conocida. Otra cosa es -y debe ser motivo de alerta y de consulta médica cuando falla una y otra vez la memoria de algo reciente- cuando se repite machaconamente una pregunta o cuando se insiste en contar el episodio que acaba de narrarse hace apenas un rato. Cambios de carácter También merece atención la escena repetida en la que se tiene «en la punta de lengua» una palabra que nunca sale y que se cambia por «la esta» o «la aquella». Y los cambios de carácter -tanto depresión como irritabilidad-, la apatía, el retraimiento y la renuncia a aficiones como el juego de naipes, que puede sugerir inseguridad. Al principio, el paciente nota que algo va mal y tiende a disimularlo, y su fingida normalidad puede incluso «engañar» a la gente menos cercana. Pero su familia puede captar mejor esos cambios y facilitar el diagnóstico precoz.

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