Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

La evolución de Sosa Wagner

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VICTORIANO CRÉMER
León

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AL FIN se ha producido la Revolución esperada. Cuando el señor Zapatero consiguió al fin la posesión del gobierno de la ínsula, ya se manejaron conceptos tan arriesgados como que se trataba en puridad de una forma de renovación, de cambio, por no decir de revolución, que era término que todavía no alcanzaban los novísimos políticos importados para el cambio y para la ocupación de la «Nueva ordenación socialista de la sociedad». La dicha y redicha sociedad se había construido no sin grandes esfuerzos y malabarismos, más bien con retales y todos los sectores nos sentimos más bien defraudados al ver que a los puestos de poder no llegaban aquellos a quienes tenían el pensamiento y en el carné, sino los más avisados de entre los candidatos a «algo», fuera esto lo que Dios diera a entender. Al final de cada movimiento gubernamental, con cambio de agujas, y de estridentes y complicadas señoras, dimos en la conclusión de que la política española no tenía posibilidades, carecía de las condicionales para ocupar los puestos más encarecidos y perseguidos de la gobernación del país, de la provincia, del municipio. Y se solucionaba el conflicto acarreando «novedades»¿ Al cabo de muy poco tiempo de ejercicio en el cargo, que tan difícilmente han conseguido, los elegidos se procedía a otro relevo y santas pascuas. La política nacional y la regional y la autonómica no tenía la menor posibilidad de enmienda, de rectificación, de mejora. Y nos conformábamos con un sistema de vida adocenado, mediocre y tan prosaico como la prosa y el cancionero de La Pícara Justina . Pero no todos los pueblos (y España menos que otras naciones sometidas a la tiranía de la mediocridad) podrían estar condenadas para un purgatorio eterno. Cuando más abrumados nos encontrábamos los españoles, y los leoneses se empeñaban en fiarlo todo a La Virgen del Camino o al presidente Zapatero, surgió un personaje que venía operando profesionalmente como enseñanta superior en la Universidad, el ilustre profesor Excmo. Señor Don Francisco Sosa Wagner. Y así que nos enteramos de su incorporación a la vida activa, como miembro colaborador del elenco de Rosa Díez, nos dimos cuenta de que algo sustancial, imprescindible y obligado para el mejor entendimiento de la convivencia democrática y cultural, se había impuesto al fin. Porque el personaje Sosa Wagner venía siendo, desde hacía muchos años la referencia aplicable en la vida intelectual de la Comunidad y la señal más rigurosa del mecanismo humano que necesita la política mostrenca para renovarse, antes que dejarse morir. Veníamos cubriendo los cargos, los puestos, los nombramientos con material humano que, con todos los respetos, no acababa de convencernos y sufríamos con resignación esclavista el resultado de un manejo atrabiliario e insolvente de la «cosa» pública, sin que a nadie se le ocurriera renovar sus formaciones con afiliados razonablemente llamados a servir al país y en este caso de Sosa Wagner a la euro exigencia a la que estamos comprometidos. Esta incorporación del ilustre catedrático a la política activa, nos abre las puertas de la esperanza. Bienvenido, don Francisco.

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