Diario de León
Pedro García Trapiello

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¿A QUÉ zorra elegiremos para ponerla a cuidar el gallinero donde se cacarean los dineros cada vez que un financiero clueco caga un lingote? Y para vigilar a esa zorra vigilante, ¿en qué otra zorra pensaremos?... Bush se parece mucho a una zorra plateada y proclamó anteayer que el Estado ha de estarse quietecito y no meterse en los dineros dejándoles a su bola boluda y que el libre comercio les bautice como ha venido haciéndolo en los últimos sesenta años de liberalismo triunfante (¡arriba el cofre y el dividendo!). Demonizó el intervencionismo estatal poniendo a Cuba de ejemplo y a Irán como sembradores de pobreza. El capitalismo, en fin, sigue siendo la panacea y la balsa de los sueños (¿rotos?). Los que le escuchaban en el Manhattan Institute aplaudieron mucho a mister Bush, víctima a su vez de una regulación de empleo en la Casa Blanca. Allí estaban los cocineros pesados de la nueva economía de diseño que ha dado con sus huesos y grasas en esta honda fractura de la fe dineraria y de lo fiduciario deconstruído. La capital financiera del mundo, Nueva York, tiene pesadillas por las noches (y por las mañanas, sapos en el desayuno). Se levanta cada día queriendo escuchar cosas como las que dice el presidente norteamericano en las postrimerías de su cargo: nada de Estado, viva el dinero sin collar, espantemos la tentación pública de meter las narices en las finanzas privadas... porque gracias a la libre empresa y comercio, se inventaron la máquina de vapor, la riqueza y el progreso social, dijo el tío, sin citar, claro está, el carro blindado, las bombas de racino, el ozono con furaco, el enguarramiento general y la explotación natural hasta el agotamiento. Sin embargo, alabó a Gordon Brown por nacionalizar bancas inglesas (o sea, nacionalizar... la deuda, qué zorro). ¿Qué reinventarán hoy los estadistas en Washington?... ¿Decidirán refundir los cañones para hacer hoces y rejas de arado?... ¿Se creará, como alguien propone, una policía mundial bancaria?... En ese caso, ¿habría cárceles para tanto trincón tramposo y caimán forrado en bonos?... ¿No sería mejor poner barrotes a la cueva de Alí Babá?... Una solución puede ser convertir en guardias a los ladrones; es lo que se hace con los furtivos neutralizando su rapiña al nombrarles guardas del coto.

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