Diario de León
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León

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ASÍ como los profesores de Historia, tal y como sostenía B. Russell, conviene que sean extranjeros si se quiere de una vez que las naciones cambien y superen sus mentiras, complejos y cegueras, los perfumistas que quieran capturar y resumir el olor esencial de una tierra deberían ser del lugar o, al menos, pasarse en él dos cuaresmas para empapar bien sus narices cuando pretendan encerrar en una frasca el alma olorosa de un sitio, que es lo que dice haber encargado al escocés Jimmy Boyd el ayuntamiento de este pueblo... pueblo, sí, porque... ¿somos pueblo o no?... pueblo antes que ciudadanos de la ciudadanía ciudadana... y después llámalo capital o vístete de reino imperial y alfonsino si es lo que te priva o enajena, o de reina Urraca, de soldado de Independencias o de romano pecholata, que es últimamente moda muy cofradiera y contagiosa (en cualquiera de estos casos, nos saldrá la vena tenderona y consumera; y si no hay mercadillo, la fiesta va de culo y se queda en muermo y espadina).

Pues bien, hecho el encargo, hélo aquí, oh lirios del valle, oh escobas floridas... perfume presentado el otro día, le dieron bombo y nombre, que es el eslogan turístico de este querer y no poder, «León te quedan dos deseos» (ostitú, ¿sólo dos?, ¿sólo uno más que un condenado a muerte?, ¿es aviso o profecía?), y declaró su autor haber resumido lo leonés con los siguientes efluvios (para atraer turistas, dijo el tío, ahivá): «Acorde con notas cítricas (de nuestros limonares de toda la vida, supongo), esencia de bergamota que representa el vigor, frescor y equilibrio de su cielo, combinada con esencias de maderas nobles, que representa las raíces, historia y solidez de su carácter». Esto lo pones en la etiqueta de un vino pijo y cuela exactamente igual. O sea, que vale lo mismo para León que para Murcia o la Conchinchina (también hay quien piensa que en vez de un perfume, el untamiento debería haber encargado una pomada... para estar en ella o untar heridas).

Hala... y a perfumarse todos (y todas, que es unisex el invento, fijaté qué detallón en estos tiempos)... y más en estas fechas «señalizadas» en que todos nos regalamos frascos y frascas, perfume al sobaquillo apestando ascensores. Razón tiene esa pintada madrileña que asomó en aquellas paredes estos días: «La Navidad supera a la ficción».

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