Diario de una aventura
Un enorme laberinto de hielo1397124194
Nadie nos podría ayudar en caso de graves problemas. ¡Estamos completamente aislados en algún lugar de la cordillera Darwin a mil kilómetros de la Antártida!
Hola amigos. Os escribo agotado. Ha sido un día durísimo, más de lo que imaginábamos. Amaneció un día increíble para estas latitudes: unos doce grados centígrados y casi despejado, y nos pusimos en marcha; todo indicaba que sería un día emocionante. Descendimos de la laguna que Luis Turi bautizó como Laguna de los Zorros, hacia el glaciar Dargmoore, que se encuentra ciento cincuenta metros por debajo de nosotros. El descenso es brusco por la morrena lateral del glaciar. Todo marchaba muy bien disfrutando de unas vistas de ensueño del monte Bobe, Roncali, Ada, Gemini, y de nuestro objetivo: el monte Caledonia. Es una montaña espectacular, diferente.
Vamos por el margen derecho del glaciar y poco a poco las grietas se van agrandando y alcanzando mayor altura; nos preocupa un gran muro de hielo azul que vemos al fondo y que cada vez se acerca más a medida que avanzamos. Ya nos mosquea desde la distancia, y cuando alcanzamos este sector, nos tememos lo peor. Es una serie de pináculos de hielo azul que se suceden unos detrás de otros. Decidimos que Luis Turi y yo exploremos primero esta parte compleja del glaciar. Dejamos las mochilas que están muy cargadas (treinta kilos de media cada una), y Luis y yo empezamos a escalar las paredes de hielo de estas monumentales grietas. Progresamos despacio para no cometer error alguno, no tenemos cuerdas que nos aseguren pues confiamos en nuestro buen hacer.
Hacemos lo que los alpinistas llamamos reuniones, lugares que aseguramos firmemente y desde donde ayudamos al compañero que viene en nuestra cordada. Así escalamos con seguridad, pues las mochilas son realmente muy pesadas y un desequilibrio nos llevaría al vacío.
Hemos empleado mucho tiempo y energías. De nuevo intuimos otra sección del glaciar complicada y también de esta parte de la morrena glaciar. Al llegar a este lugar nos damos cuenta que es más complicado que el otro. ¡Este sí que es difícil! Luis nos dice que por su lado es imposible, no hay paso. Kike y yo avanzamos a duras penas por témpanos de hielo a punto de resquebrajarse. Son pequeñísimos puentes de hielo que parecen estar soldados por un frágil pegamento del mismo hielo. Pisamos con mucho cuidado: encima de nosotros hay una cornisa de unos sesenta metros de largo que como una espada de Damocles amenaza con derrumbarse. Desandamos el camino que Kike y yo investigamos y, derrotados, nos reencontramos con nuestros amigos. ¡Justo en ese momento y en un solo minuto se desprende con un ruido ensordecedor la cornisa de nieve por donde acabábamos de pasar mi hermano y yo. Miles de toneladas de nieve nos habrían aplastado y por sólo un minuto! Estamos atónitos y con un susto en el cuerpo del que realmente tardamos en recuperarnos.
Resolvimos descender y exponer la situación a todos los compañeros. Todos decidimos arriesgarnos y apechar con lo que suceda. Ciertamente hay tensión y preocupación: la situación es complicada e incierta. Progresamos muy despacio, ya que la inclinación cada vez es mayor. Poco a poco vamos desenmarañando el laberinto que el Caledonia nos ha impuesto resolver si queremos alcanzar su cima.
No nos rendimos y resolvemos continuar. Estamos al límite de lo soportable, pero nos hemos fijado pasar estas grietas como sea y alcanzar una superficie rocosa donde instalaríamos el campo I. Lo logramos una hora más tarde, estamos felices de resolver el enigma del laberinto del Caledonia, pero nos encontramos derrotados físicamente. Cenamos nos hidratamos y casi no dio tiempo a nada más: nos quedamos como corderitos acurrucados los unos juntos a los otros en dos pequeñas tiendas para siete, pero da igual, estamos a salvo. Mañana será otro día... Ahora sí que dependemos de nosotros y nadie nos podría ayudar en caso de graves problemas. ¡Estamos completamente aislados en medio de la cordillera Darwin a sólo mil kilómetros de la Antártida! En la siguiente crónica os contaré si finalmente alcanzamos la cima o bien nos tendremos que retirar...