Diario de León

| Crónica | La etiqueta de «los niños inmigrantes» |

España, ante el espejo migratorio

Un documento de debate de la Fundación Esplai aboga por la ciudadanía compartida, con sus derechos y deberes, para lograr la integración y la cohesión social

Publicado por
Manu Mediavilla
León

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madrid

«La inmigración siempre es un espejo; dice más de la sociedad que recibe que de quien viene». Lo subraya el antropólogo Carlos Giménez, coordinador de Educación, ciudadanía e inmigración , un documento de debate de la Fundación Esplai en el que 12 especialistas en diversas áreas abogan por una ciudadanía compartida, con sus derechos y deberes, para conseguir la integración y la cohesión social.

Una meta que se hace aún más necesaria en épocas de crisis como la actual, pero que -”advierten-” no será posible sin una educación cívica, intercultural y para la convivencia. «No hay que confundir integración con asimilación», insiste el catedrático de Antropología Social de la Universidad Autónoma de Madrid. Se trata de descartar la idea de España como «mi casa, que te dejo por unos días, y si te portas bien», porque -”remacha-” «es nuestra casa, la casa de todos» en la que las personas llegadas de fuera «se van a quedar años, y, sus hijos, siempre». De hecho, apunta, va siendo hora de descolgar la «etiqueta del origen extranjero», y no tiene sentido «seguir llamando niños inmigrantes a 600.000 menores de 16 años con algún progenitor extranjero» que han nacido aquí.

Óptica «condicionada»

En el fondo de esa etiqueta subyace el abordaje del tema migratorio desde una óptica de integración condicionada, «asimilacionista», en la que se acepta a quien llega «en tanto en cuanto sea como nosotros».

Pero Giménez recalca que ese enfoque ya ha fracasado muchas veces, y que no se justifica la inclusión de un «contrato de integración» en los programas electorales, porque ya existen leyes y normas que, «en una sociedad que es la suya, los inmigrantes tienen que cumplir». La otra visión es la de la ciudadanía de plenos derechos y obligaciones, que de ningún modo es un cheque en blanco. Al contrario, añade el experto, se pide a cada inmigrante «un plus de esfuerzo de acomodación al sistema democrático y a la Constitución».Fundamentalmente, porque «respetar no es aceptar todo, y la tolerancia tiene límites». Por ejemplo, en el ámbito de la violencia machista, ya que «ninguna cultura dice que hay que pegar a la mujer».

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