Diario de León

cornada de lobo | pedro trapiello

...pero acostumbrao

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LE PREGUNTO ¿qué tal? a Toñín -que por andar en Hospital es hospitalero-, y me contesta como un argentino que suele responder a esa pregunta con un «mal... pero acostumbrao», Los argentinos se pusieron siempre algo dramáticos ante la existencia y tienen, como el español, un sentido trágico de la vida tan racial, que no les acaba quedando más dios que Maradona y un arcángel negro que apellidaba Videla. Pero el argentino se sobrepone al fatum que le endiña la fatalidad echando cinismo al ingenio y poniéndose literato, pintor de futuros, burlón a lo Borges o solemne como un padre-padrone, hablador, pasional por italianía y raposón por gallego... son gente cercana, primos cuando menos... me suele caer bien el argentino sin conocerle, incluso el que viene de turras y explicador irredento si habla con la horizontalidad de aquellas pampas... «de poco vale un paisano sin caballo y en Montiel»... Lo del fiasco financiero argentino que llamaron «corralito» y aquel granero de cono sur vaciado por salteadores de la Casa Rosada dejaron a su nación instalada en una cierta mezquindad moral y en un pesimismo que les pudrió la bolsa y la vida... y si salen de él será por una gatera que les robe también la mitad del pelo... de modo que el argentino no tiene otro escape que acostumbrarse al fatalismo que le dibuja el destino, achantar... y soñar que el sol de su bandera saldrá algún día por el patio de atrás de su casa para disolver la noche casi eterna que allí tiene su cuartel. A veces les veo con la cara de imbécil furioso que a cualquiera se le queda cuando le roban la faltriquera y la honra, pero adornan esa cara con un cínico y fino cabreo que resuelve el trance. Esa es la cara boba y moruga que se siembra hoy entre españoles robados que no temen aquí un corralito, sino otro patio de Monipodio donde los que trincaron piden hoy con cara mendiga y trágica... para volver cuanto antes a lo andado. Dicen que las próximas Navidades las celebraremos con cinco millones de parados sentados a nuestras mesas. Las ganas de pandereta nos van a salir del culo, porque los más sinceros advierten que serán necesarios varios años para salir de la que han mangado. Pero tanquila la peña; nos sobra salero para ir aprendiendo a sentirnos «mal... pero acostumbraos».

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