CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO
En el monte
LLEVÉMOSLO bien: quieto el adjetivo... y quietas las manos, sobre todo las que van al pan. El manojo de nervios y el guirigay (que no significa necesariamente maricón extranjero, dicho así, con vituperio) no conviene desatarlos cuando el problema es gordo y vienen los hostiazos de todos los lados, que más o menos es lo que está pasando. Dicho con sotana de canónigo: esta es la de Dios es Cristo... vale, pero ¿Gólgota o Viacrucis?, porque este último se pasa malamente, pero en el otro te clavan, se muere crucificado y con las patas rotas.
El Gólgota del Pepé viene siendo también un monte en el que ya no queda ni orégano ni orgasmo, un monte de monterías, el monte del recuerdo y no del olvido, ese monte en el que «están clavadas dos cruces por dos amores que han muerto, que son el tuyo y el mío... aaay, aaay...».
A Rajoy se le aparece, pues, la Virgen de los Espantos; y a Zapatero, la Virgen de los Pastores. Los populares trinan... y trillan desde que Trillo resucitó. Los socialistas brincan y bailan como peces en el río... revuelto.
En los montes se ponen las ermitas a las vírgenes, pero son los dioses los que suben a ellos con rayos, como Júpiter Tonante, con piedras, como Buda, o con escopetas, como Garzón y Bermejo, dioses de la pólvora y el trullo. Algo borde les parece Bermejo a no poca gente por sus formas altaneras y ese sobrarse de colegial distinguido con tics de alumno apuntador y chivato; o de malicioso corrector de exámenes con lápiz rojo; se le nota a la legua (y en la lengua) que con llegar a ministro ha colmado lo insoñable, la máxima aspiración de su nivel de incompetencia (los exministros Punset y Saavedra le han puesto también a caldo; y una guindilla en el culo para que corra que se las pele cuando salga del ministerio... y de estos misterios).
A Zapatero, pues, se le está apareciendo la Virgen de los Pastores todos los días a la hora en que otros desayunan sapos y resúmenes de prensa. Tiene al rebaño rebañando y más apretado al plato; y no como el de los populares, donde se colaron cabras que tiran al monte, cabritos no sujetos a bando y cabrones que, además de joder, salpican. Para el Pepé, la puta crisis se les instala en un horizonte de nubarrón; y por mucho tiempo, porque es crisis que viene con albornoz y zapatillas.