CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO
Hay madrina
PAREZCO UN paleto irredento cuando viajo en avión y pego las narices a la ventanilla escudriñando el pellejo de la tierra, menos sobre el mar que me aburre y me asusta por ser un gigante que invita al abismo. También la tierra es otro gigante con su llamada al cacharrazo, pero mientras llegue, las arrugas del terreno cuentan cosas porque es un cobertor decorado con el capricho natural y con las rubricas del hombre, esas huellas tantas veces groseras.
Mi bautismo americano fue sobre un Canadá de mar helado y lagos de patinar, cuánta nieve, pero poco a poco fue la primavera derrotando a la helada parda al entrar en Pensilvania y Virginia hasta que apeamos el miedo y la fatiga en Atlanta, la conquista feliz de mis suelas ahuevadas-¦ pero por poco tiempo, pues en nada vino otro avión a embarcarnos el miedo hasta Lexington, en Kentucky, la tierra del interminable praderío inglés, de los caballos y del bourbon.
Desde el cielo sólo se ven las cosas como un pájaro, que lo único que sabe del hombre es que tiene campos de papeo gratis y escopetas. Con esa mirada de vuelo alto todo lo que hemos visto de Estados Unidos parece una tierra conquistada y muy repartida, llena de patrias privadas y deslindadas que son castillos cercados, cada cual con su casa y sus coches, repartiéndose el botín del sueño americano-¦ tierra, pues, poblada de sueños con miedo a despertar y con coches del sheriff del condado despertando el miedo de los que no pueden sonar.
Aquí, en Lexington, nos ha envuelto la hospitalidad extrema, la admiración sincera por la fecundidad de las letras leonesas, el elogio catedrático, las averiguaciones de nuestro cosmos literario, el eco de nuestras palabras puestas en sus bocas-¦ y me parece mentira que aquí, tan lejos, se resiembre esa palabra y busquen en ella la belleza del decir y el latir de la poesía. No miento si digo que aquí hemos encontrado el fuego de un albergue para tantos profetas leoneses que no lo son en su tierra. De todos ellos, la madrina se llama Verónica Dean, y el padrino Shelby Thacker. Los profesores de otras universidades que vinieron a este congreso se lamentan, sin embargo, que no pueden apadrinar mucho porque los servicios institucionales o editoriales españoles no les mandan libros y los autores leoneses podrían ser chilenos o murcianos y se lo creerían.