Diario de León

CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO

Ahí estás

Pedro García Trapiello

Creado:

Actualizado:

NO ES verdad. Eso, nunca. Lo que dice la noticia es mentira. ¿Quién puede creerse que Antonio Pereira ha muerto?...

Se le habrá callado la voz un rato. Quizá es que al fin nos permite que hablemos por nuestra boca o nuestra pluma y nos pongamos aquí a deshacer los elogios y encomios que debemos y no pagamos en plazo y cantidad a don Antonio Pereira, el maestro en dianas con la palabra y gran maestre en florete francés requebrando verbos por escrito, culto y sagaz, la ironía bondadosa personificada, el optimismo irredento, un entrañable y entrañado personaje de todos, un templo de libros barnizados con saudade villafranquina-¦ todo un caballero, sí señor, todo un sabio en el trato y alegrado siempre de verte-¦ todo un compendio de estilo-¦ gente rara, pues, en unos tiempos de codazos y ladridos, tanto en el mundo de los dineros como en el de las letras-¦ y en la literatura. Jamás escuché en Pereira un meterse con nadie. No necesita afear a los malos de pluma o facha ni reírse siquiera de los mediocres; y mira que son un buen montón y munición habitual en chismes, cenas, tertulias y contubernios.

Gran señor, corazón gigante. ¿Quién no logra de Pereira que cumpla afablemente cualquier invitación o pesadez?...

En fin, querido Antonio, que conste aquí, en este día de la catarata unánime de los elogios sinceros, el que he tenido yo que hacerte deprisa y birlándote las palabras que exige el definir tu talla, así que sólo serán calderilla en la enorme deuda que tenemos contigo y con tu oreja y que nunca pagamos en tiempo y cantidad por lo que aprendemos de ti, por todo lo que nos das y porque resucitas en cada línea tuya que releemos cada vez que queremos explorar honduras o ensayar sonrisas.

Así que quiero verte bien, querido amigo, pletórico de cabeza y de corazón. ¿Quién es el que dice que has muerto?... Además, ahí tienes siempre a Úrsula, tu sombra grande, tu fortaleza risueña, la bravura por mimarte, tu resorte-¦ qué gran mujer; no te parezca mal si te digo que todos estamos enamorados de Úrsula. Por eso me consta que ahí estás-¦ y que con ella siempre estarás bien.

Como siempre, S. os manda dos o tres cestos de besos; y vayan otros tantos míos.

tracking