CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO

Ya verdean

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FLORECEN los campos de la administración y crece el pasto. El número de funcionarios ha aumentado en casi ciento cincuenta mil últimamente. Más madera. Ese crecimiento nunca se detiene, es ilimitado... ¿por naturaleza o por arte, por necesidad o por magia?... El empleo público es un dos en uno, sirve para maquillar el paro... y, de paso, para empotrar amigos y al cuartel propio. Paga el Estado, que tiene fondos y no tiene fondo, y la plaza lo es «en propiedad y vitalicia», así quiebren las arcas o vengan barrancas. Más madera... y más andamiajes, despachos y ventanillas...

Quiero creer que todas esas plazas de funcionarios convocadas están justificadas por una necesidad de servicio y no por inventarse una necesidad... o una dirección general de Tintes y Calcografías, un consejo consultivo de clases pasivas, un estaribel de fauna zurda en riesgo de extinción o, ya puestos, una comisión interdisciplinar de Timbre y Púa.

Lo que no puedo creer, ni debo, es que la adjudicación de esas plazas esté libre de toda sospecha, muleta o enchufe. Nadie lo creería. El pueblo peatón sabe lo que se cocina y que aquí el perejil se llama influencia, padrinazgo o apaño. No nos hartamos de ver noticias de instituciones, municipios o administraciones en las que se impugnan oposiciones fraudulentas y contrataciones espúreas, acusándose unos a otros de amiguismo y trapacería para colocar a la basca y a los de la cuerda con sueldo público o un empleo (no necesariamente un trabajo). Es la vieja teoría del órgano antes que la función (o hagamos un teatro y la función creará el órgano). Más madera.

¿Y esos funcionarios que verdean serán los brotes que dicen apreciar en esta economía abollada?... El modelo económico que aplica la derechona o la izquierdina es rígidamente liberal; el liberalismo odia lo estatal y su intervención; pero para arreglar las estrepitosas consecuencias del liberalismo voraz hay que contratar más funcionarios. Joder, no entiendo nada. Pero alguno debe pensar que la crisis se conjuraría si la mitad fuéramos funcionarios y la otra mitad pensionistas.

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Ya verdean, ya verdean... las varas de estos mimbres. Con ellos haremos un cesto para sacar agua y achicar el bote... ¡bote!... Y ya volean, ya volean... las campanas de Olivares.