Publicado por
pedro trapiello
León

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Lo aseguran los profetas: acabarán suprimiendo la suerte última de los toros, la suerte de la muerte, vaya suerte, la del estoque, descabello y el verduguillo del cachetero. Sólo así se civilizará la fiesta nacional, se aportuguesará, y no estará mal porque en la lidia portuguesa no hay muerte ni entra el espadazo entre las agujas del toro o en el morrillo sentimental de la antitauromaquia andante y gritante ante el portón principal de las plazas. No por ello desmerece en Portugal el espectáculo taurino, donde me admira la suerte de los forçados, lance de muchas pelotas entregándose al abrazo mortal de los cuernos, toreo de grupo con chulo al frente, lana y estameña popular, traje guapo, corbatilla y un gorro medio frigio que parece un boné barretino con borla. Llegará, pues, el «no matarás» a la lidia española. El torero entrará a matar con un clavel de arponcillo y, ejecutando el mismo lance de la estocada, petará la flor en todo lo alto. El toro, entonces, volverá a corrales tan pichi; algo escocido y resabiado, cierto, pero tan pichi lirichi, regresando finalmente a su dehesa, a las mañanitas de pasto tendido y agüita fresca de arroyo; o abrevará como sólo abrevan los bueyes en un pilón bajo encina de copa basilical... torito bravo, campeador de amapolas, vaya vidorra. Curará pronto las mataduras banderilleras y la punción del puyazo. Incluso repetirá en otras plazas hasta que el resabio le incline enfermizamente al bulto y, entonces, le destinen a semental de prestigio, a triunfar con su faena en el ruedo de las vacas. ¿Hay plan de jubilación más envidiable?...

Pero no se logrará suprimir la lidia. Jamás. ¿Qué parlamento español osaría prohibirla, si hasta las Cortes son una plaza de toros a la mitad cerrada por un frontón presidencial donde rebotan las palabras y las pelotas de la razón, una semiplaza con su burladero de oradores donde ya sólo se ven maletillas, pues no quedan castelares?...

Si la reencarnación existe y el destino dice que vuelva yo a ser bicho, pido toro de lidia en dehesa cacereña y morir acunado en un pasodoble, pero renegaré de los cielos si me toca ser buey o vaca en cuadra cutre de por aquí y me apiola un matarife gañán silbando una canción de Bustamante.

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