Diario de León
Publicado por
Pedro G. Trapiello
León

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Si no nos enterrabas antes tú, que era lo acordado, prometí contarte lo que pasara, querido Vik, y a ello me pongo como si volviera contigo por «la acera de enfrente» de los Capuchinos en tu regreso matinal desde el bar Río hasta tu casa, lentamente, con muchas paraditas conversadas... y mucho paisaneo anónimo y gentil, conocido o amigo, que paraba a saludarte y celebrarte alargando la vuelta y salpicándola de afectos ciertos. En las aceras es donde mejor se mide el cariño, la diplomacia o la tirria; lo sabes mejor que nadie, que pasaste de coche y cosiste estas calles solo a pie peatón sin altanería ni carruaje, atrapándole el latido sordo o ronco a esta ciudad rutinaria y a la vez revuelta, este tu León... y su circunstancia.

Pues bien, el sábado, de mañanita, decidiste Crémer dormir un rato para coger por las alas a tu alma, lucidísima hasta el último instante, y te fuiste a volar al cielo de tus sueños más elevados y de tus convicciones más profundas. Es el reino de la ingravidez donde ya nada pesa ni se hace pesar. No te preocupes, encontrarán por allí alguna olivetti; tienes mucho que contarles; por escrito, lógicamente, que lo escrito, escrito queda y en ello empeña su palabra el escritor y el escribano.

Te diré que desde entonces entra la parroquia habitual en el bar Río mirando hacia tu mesa vacía. Eras ya estampa fija en el rincón del medio, a pie de ventanal ante el que cruza a cada instante un hormigueo de gentes que, como una enciclopedia con patas, resume a esta ciudad en sus tipos y afanes. Te echarán mucho de menos, vaya que sí. Gloria y Vicente, que te ponían cada día el cafelito «con leche y con cariño», están muy apenados; se les ha esfumado un paisaje de entraña y un saludar jovial y vitalista. Me enseñaron la foto que se hicieron contigo y con el escultor Amancio González el día que posaste allí para ese bronce guapo que te está haciendo. Estáis en tu mesa, la misma en la que hace tres semana diste tu última entrevista a Antonio Lucas con Susana para El Mundo . Te habías resistido a darla, pero no lo lamentaste tras averiguar a la primera que Lucas sabe; y escribe.

Después llegó el tanatorio y tu funeral, pero eso tendré que contárlelo mañana; tú sigue volando...

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