Diario de León

Gente de aquí y de allá | Toros y un torero

Tomás alienta la leyenda

Corta cinco orejas en su encierro con seis toros y sale a hombros de la Monumental de Barcelona ante 19.000 espectadores, pero no consigue cerrar una faena rotunda

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Todo preparado para una fiesta que al final fue más de ambiente que otra cosa. Triunfalismo y mucho escaparate. Muchas orejas, pero poco contenido. La gente, como loca por su ídolo. En la plaza sólo había partidarios, no como cuando se anuncia terna y los que van a favor de un torero pueden estar contra uno de los otros dos. Todo el tendido tomasista o tomista. Al primero de Núñez del Cuvillo, flojito y sin casta, lo cuidó mucho, llevándole a media altura, sin atacarle. Insulso trasteo. El segundo, de El Pilar, tuvo más pujanza. Tuvo profundidad, aunque en el epílogo a dos manos volvió a faltar limpieza. Sin ser muy allá la estocada cortó una oreja. Primer trofeo fácil. Tampoco debió caer la del tercero, sobre todo por la rúbrica con los aceros. Aunque hubiera sido más justa, pues la faena tuvo pasajes más emotivos. El toro, de Victoriano del Río, el de más clase. Tomás lo cuajó con el capote, lanceando con muy buen son, mecida la figura. Arte de verdad. Cuando la faena estaba en su punto álgido cometió el torero la torpeza de perderle la cara al toro, en un pase de pecho, saliendo por los aires. Fue sólo el golpe, pero hubo conmoción en la plaza. Cayó otra oreja, la segunda en la tarde, a pesar otra vez de la falta de contundencia al matar. Aunque el mayor despropósito, del presidente y del público, llegó en el cuarto, toro rebrincadito, un punto revoltoso, con el que Tomás se acopló sólo a medias. La estocada contó sobremanera para las dos orejas. La faena al quinto, muy liviana. En un extraño del animal, voltereta también, sin que pasara nada. Lo bueno fue la estocada, entrando muy derecho y muy despacio, lo que se dice dejándose ver. Ya en el sexto, toro basto, bruto y reservón, que encima fue a menos, Tomás salió del paso sin pla ntear ningún reto. Y dejando una duda. En el brindis del último toro a la cuadrilla de siempre, sus dos picadores y tres banderilleros que van con él. No a los que actuaron circunstancialmente hoy porque el reglamento obliga a llevar tres cuadrillas completas. José Tomás los abrazó a todos, uno por uno, ¿anunciándoles alguna decisión inmin ente de futuro sobre su permanencia en los ruedos? Muy raro el brindis. El tiempo lo dirá.

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