Reportaje | Yaritza Nicole Vargas
Entre la manía y la enfermedad
Detrás de las pequeñas supersticiones a veces se esconde un trastorno obsesivo

Esquivar un gato negro, una de las supersticiones que han formado parte de los humanos.
Las supersticiones han formado parte del vivir diario de los seres humanos desde siempre. Esquivar un gato negro o evitar pasar por debajo de una escalera son algunas de las manías más frecuentes entre los ciudadanos de cualquier raza, sexo o estrato social.
Luego hay otras más peculiares, como volver a casa cuando ya se ha salido para comprobar que la plancha efectivamente está desconectada, la luz apagada y el gas cortado. O que la servilleta esté doblada de determinada forma en la mesa o la agenda en un punto exacto en el escritorio. Detalles aparentemente sin importancia, pero que en ocasiones pueden esconder un trastorno obsesivo compulsivo que requiere tratamiento médico.
Según los expertos, cerca del 1 por ciento de la población mundial tiene habitualmente este tipo de comportamientos, que en la mayoría de los casos no tiene mayor importancia. Pero basta con que la mente traspase un determinado umbral para que se conviertan en una terrible obsesión para quienes los padecen. En estos casos los pensamientos negativos, la angustia, el miedo y la ansiedad van predominando sobre la razón hasta doblegarla.
Adolescentes. El presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, Jerónimo Saiz, explica que el trastorno obsesivo compulsivo suele manifestarse, en dos terceras partes de los casos, durante la adolescencia, tanto en hombres como en mujeres.
El experto, también cofundador de la Asociación de trastorno obsesivo-compulsivo (Atoc), destaca en primer lugar que los pacientes entregados a estas conductas sufren muchísimo. «Es egodistónico, es decir, va en contra del propio sujeto y este lo vive como algo ajeno. Hasta puede que lo niegue, que no lo acepte», arguye.
Este trastorno de ansiedad se caracteriza por la coexistencia de las obsesiones y las compulsiones repetidas. «El 90 % de los pacientes que sufren este trastorno son obsesivos-compulsivos.
Las obsesiones son ideas o imágenes, de contenido desagradable, que se repiten continuamente en la mente del sujeto. Por ejemplo, que una persona religiosa esté en la iglesia y al mirar alguna escultura tenga un pensamiento de índole sexual», comenta. Saiz recuerda que la compulsión consiste en materializar de forma física los pensamientos de una obsesión.
Los trastornos obsesivos compulsivos pueden combatirse por dos vías: la farmacológica o la psicológica. En la primera, los medicamentos actúan sobre unos neurotransmisores. En el método psicológico el paciente se somete a terapias de tipo cognitivo conductual. El psicólogo asegura que cuando el trastorno es grave se realizan intervenciones de estimulación cerebral.