Diario de León
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Cada día su afán José-Román Flecha Andrés

Hace poco se han celebrado en la ciudad de Palencia las Jornadas Nacionales de Liturgia. En este año estaban dedicadas a reflexionar sobre un tema de importancia capital: «La Eucaristía como centro y culminación de la vida cristiana».

Ese título puede decir mucho a los creyentes. O puede dejar indiferentes a otros. Y, sin embargo, debería reflejar lo más profundo de la vivencia cristiana. Esta es frágil y superficial cuando no queda arraigada en la celebración de la eucaristía. Pero esa celebración queda manca cuando no se refleja en una vida de entrega y de fraternidad.

San Pablo ya tuvo que corregir a los cristianos de la ciudad de Corinto, porque, al celebrar la eucaristía no tenían en cuenta el amor fraterno.

En un famoso sermón sobre el evangelio según San Mateo, San Juan Crisóstomo comparaba el honor que se tributa al cuerpo sacramental de Cristo con el honor que tantas veces se niega a los pobres que son miembros de su cuerpo. Todavía impresiona leer aquellas palabras:

«¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? Pues no lo desprecies cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: Esto es mi cuerpo, y con su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: Tuve hambre y no me disteis de comer. Y es el que más adelante dice: Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer. Así pues, el templo no necesita vestidos y lienzos, sino pureza de alma; los pobres, en cambio, necesitan que con sumo cuidado nos preocupemos de ellos». Según el Papa Benedicto XVI, es preciso comprender más profundamente las relaciones entre la Eucaristía y la vida cotidiana. La espiritualidad eucarística no es solamente participación en la Misa y en la adoración al Santísimo Sacramento. Abarca la vida entera, especialmente en un momento histórico en el que muchos viven «como si Dios no existiera».

La eucaristía puede contribuir a una radical renovación de la mentalidad individualista que caracteriza a nuestro tiempo: «Hoy se necesita redescubrir que Jesucristo no es una simple convicción privada o una doctrina abstracta, sino una persona real, cuya entrada en la historia es capaz de renovar la vida de todos». Así lo ha escrito en la exhortación que lleva por título «El Sacramento de la caridad».

En la eucaristía celebramos la entrega de Jesús. Esa memoria del pasado compromete nuestro presente y nuestro futuro.

Hay cristianos que asisten a la misa, y no llevan a su familia o a su profesión el espíritu del que se entregó por sus hermanos. Pero también hay muchos otros, a los que la celebración de la eucaristía les lleva a ser coherentes en su vida pública. Y a dar la cara en tiempos de cobardía. Esa fidelidad a lo que se celebra es la prueba de la sinceridad de nuestra fe.

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