Reportaje | Manu Mediavilla
Luz entre las tinieblas del sida
La ONG Plan Internacional rechaza el catastrofismo en torno al VIH y apuesta por el desarrollo comunitario centrado en la infancia y sus derechos

Dos huérfanas por el sida y sus dos primos van a la escuela. .
Hay esperanza y futuro más allá de las dramáticas estadísticas del VIH. Y en particular para las niñas y niños. Lo recalca la organización no gubernamental Plan Internacional ante el Día Mundial del Sida 2009, que se celebrará el martes 1 de diciembre en torno a la idea de Acceso universal y derechos humanos . Un mensaje que hace suyo porque encaja con su propia estrategia de desarrollo comunitario centrado en la infancia y con su modelo para responder a la pandemia, bautizado como Círculo de la Esperanza y basado en los derechos de la niñez que crece en un mundo con VIH.
Según las últimas cifras, 33,4 millones de personas (2,1 millones de menores de 15 años) viven con el virus de inmunodeficiencia humana causante del sida, 2,7 millones (430.000 menores) se infectaron en el 2008 y 2 millones (280.000 menores) murieron. El África Subsahariana se lleva la peor parte, con un 67% del total de personas seropositivas, el 91% de las nuevas infecciones infantiles y más de 14 millones de huérfanos del sida. Pero incluso con ese grave telón de fondo, insiste Plan, hay que «mirar más allá de las estadísticas» para poder «responder de manera adecuada al VIH» y a sus «diferentes patrones epidemiológicos», que exigen «dirigir nuestros recursos hacia donde tendrán mayor impacto».
Luz al final del túnel. Porque la pandemia se ha demostrado muy variable, hasta el punto de coincidir epidemias de distinto tipo en diferentes lugares de un mismo país, e incluso juntas aunque en distintos niveles poblacionales. Y también su impacto necesita analizarse con detalle y sin catastrofismo, precisa la ONG especializada en la infancia. La muerte de adultos, por ejemplo, está dando protagonismo demográfico a los adolescentes y dejando una estela de niños huérfanos que tendrá sin duda «implicaciones importantes y todavía desconocidas para las futuras generaciones» y que puede condicionar aspectos claves del desarrollo como la seguridad alimentaria y el acceso a la educación. Pero es solo una parte de la realidad.
También es un retrato parcial e insuficiente el que destaca «la fuerza destructiva de la epidemia, con aldeas abandonadas y hambre, con discriminación y estigma, con comunidades divididas y ruptura de la cohesión social. De hecho, subraya, «también hay ejemplos menos publicitados en los que el VIH ha unido comunidades y las ha movilizado» para conseguir avances sociales, políticos y económicos. La propia experiencia del Círculo de la Esperanza ofrece múltiples ejemplos de esa realidad positiva que muchas veces permanece casi invisible.