Reportaje | p. soto
No tocan los crucifijos
Representan el sentimiento de la mayoría de la población

Polonia defiende sin fisuras la presencia de crucifijos.
El Parlamento polaco rechazó hace unos días por mayoría absoluta la retirada de los crucifijos de las escuelas polacas y expresó «su inquietud» por la decisión de la Corte Europea de Derechos Humanos (CEDH) de Estrasburgo de prohibir este símbolo religioso cristiano en los centros de enseñanza de Italia. Mientras España, Italia, Portugal, Alemania y otros países europeos viven una aguda polémica sobre los símbolos religiosos en el espacio público, la muy católica Polonia ha decidido cerrar a cal y canto cualquier debate sobre esta cuestión. Sólo unos pocos sectores políticos y mediáticos se decantan por abrir un debate en la sociedad.
La Cámara baja polaca adoptó una resolución en la que considera que la decisión de la CEDH «atenta contra la libertad de culto y desprecia los derechos y los sentimientos de los creyentes y la paz social». Con la excepción de la izquierda poscomunista, el resto de las fuerzas políticas se oponen rotundamente a que sean retirados los símbolos religiosos católicos del espacio público, porque consideran que esta medida iría en contra de los sentimientos de la mayoría de la población.
Así las cosas, un grupo de eurodiputados polacos del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS) prepara un proyecto de resolución «para defender la cruz» que será presentado en el Parlamento de Estrasburgo.