Diario de León

Por qué cruzar las piernas en misa es una falta de respeto según Carmen Lomana

La experta en estilo y etiqueta Carmen Lomana advierte que cruzar las piernas durante una ceremonia religiosa no es solo un gesto inofensivo, sino una falta de respeto que rompe el protocolo y resta elegancia

Carmen Lomana, en una de sus habituales apariciones públicas, donde combina elegancia y criterio estético.

Carmen Lomana, en una de sus habituales apariciones públicas, donde combina elegancia y criterio estético.Getty Images

Patricia de la Torre
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En su espacio habitual en el programa Fin de semana de COPE, Carmen Lomana ha abordado uno de esos gestos cotidianos que muchos repiten sin saber que, según la etiqueta, están completamente fuera de lugar: cruzar las piernas durante una ceremonia religiosa. Y lo ha hecho con la claridad que la caracteriza, dejando poco margen para la duda.

Cruzar las piernas en la iglesia: lo que no debes hacer

Durante el consultorio que protagoniza cada semana, Lomana respondió con firmeza a la consulta de un oyente que preguntaba si era correcto cruzar las piernas en una iglesia. Su respuesta no dejó lugar a interpretaciones:

«Ni hombres ni mujeres deben estar con las piernas cruzadas en la iglesia. No se trata de estar cómodo y desparramado».

Con esta afirmación, Lomana subraya que en un entorno sagrado no basta con estar presente: hay que hacerlo con respeto. La forma de sentarse, lejos de ser un asunto menor, comunica educación, reverencia y elegancia. Para la experta, adoptar una postura sobria y erguida es una forma de honrar el momento y el espacio.

Asegura además que este gesto, aunque común, delata una falta de conciencia sobre el significado simbólico del acto religioso. Por tanto, no es solo una cuestión de protocolo, sino de sensibilidad hacia lo que representa la liturgia.

Si estás cruzado de piernas, inclinado hacia atrás, o relajado como si estuvieras en casa, el mensaje que envías es de descuido.

Según explica, lo correcto es sentarse con las piernas paralelas y los pies apoyados en el suelo. En todo caso, puede tolerarse cruzar discretamente los tobillos por detrás. Pero nada de posturas que evoquen comodidad extrema o irreverencia: «Tienes que estar sentado de una manera normal, seria», sentenció.

El protocolo, recuerda, no está hecho para incomodar, sino para preservar el significado del lugar. «No te estás tres horas en la iglesia, estás en una misa o una ceremonia que dura media hora, tres cuartos de hora... aguanta perfectamente», añade.

De las piernas a la corbata: lo que (también) está fuera de lugar

Durante la misma edición del programa, Carmen Lomana fue más allá y abordó también otro gesto habitual que puede traicionar el buen gusto: la elección incorrecta de corbata en eventos formales como bodas.

Sin rodeos, aseguró que una boda requiere una corbata elegante, pero no necesariamente sobria. Puede haber toques de color, pequeños estampados discretos, pero siempre dentro de los códigos de la elegancia. En sus palabras,

«Puedes llevar una corbata lisa, pero también corbatas con estampados pequeños en azul pálido bonito, en rosa, infinitos colores, color vino».

Ahora bien, su postura se endurece ante los excesos,

«No viene a cuento» llevar una corbata con cómics, piolines grandes o dibujos de colorines.

Y si no se dispone de una opción adecuada, es tajante,

«Es preferible que no te pongas corbata a que te pongas algo ridículo».

Para Lomana, el error no está solo en lo llamativo, sino en lo que transmite. Su recomendación es siempre situar el contexto por encima de la excentricidad personal.

Este doble apunte de Carmen Lomana tiene un trasfondo común: la elegancia no es solo estética, es actitud. La experta defiende una visión del estilo como reflejo de educación y sensibilidad hacia los demás.

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