Adopta un perro: Trueno, dos atropellos y un rescate agónico de tres semanas

Trueno descansa tranquilo en su casa de acogida después de u rescate en León que duró tres semanas.
Todo parecía ir bien para Trueno pero algo se torció en el último momento. Rescatado junto con su familia y otros perros de un 'síndrome de Noe', los recogieron en la protectora Peludines sin Suerte. Su dueña no podía hacerse cargo de él, de ellos. Padecía un trastorno psiquiátrico compulsivo por el que esas personas tienen un número perros y gatos excesivos a los que no brindan cuidados básicos, a veces ni alimentos ni agua, y viven en condiciones insalubres. Así vivían él y sus hermanos hasta que una llamada a la Policía local puso fin a esa situación. Trueno y el resto de los perros fueron retirados de la casa en noviembre y llevados a protectoras. Así terminó en el refugio de Peludines sin Suerte, en el Bierzo.
Pero... a veces hay un pero. El día en que iba a recibir atención veterinaria se escapó. En León. En una ciudad que no conocía, en un entorno amenazante para él. Intentó regresar en varias ocasiones al mismo lugar de donde se había escapado —lo hacen habitualmente los perros— pero asustado y huidizo fue imposible cogerlo. En la rotonda de la Universidad, los coches le pitaron y la gente le gritaba. Empeoró la situación. Huyó. En la rotonda de la Granja lo atropellaron dos veces. Herido y cojeando, buscó refugio en los campos próximos. Para entonces, ya se había montado una operación de rescate. El grupo de El Bosque de Sury, la Protectora de Animales de León, sus voluntarios y el 'alma' de Peludines sin Suerte. Se colocaron jaulas-trampa con comida para intentar su rescate y se distribuyeron mensajes en las redes sociales para que nadie le llamara ni le siguiera, sólo que se informara de dónde estaba, pero durante días no hubo apenas señal de él. Hasta que hubo suerte y una persona de paseo con su perro lo vio y siguió las instrucciones: ni una voz, ni un gesto, sólo una llamada a los teléfonos de emergencia publicados en las redes para indicar dónde estaba.
Con esa nueva ubicación, se organizó un grupo de rescate. Turnos de vigilancia, de día y de noche, controlando la jaula colocada en una zona ajardinada pegando a solares sin edificar en Eras de Renueva. Jarreaba en León, pero los voluntarios no abandonaron. Trueno se acercaba a la jaula a comer, pero no entraba.
El domingo, a media tarde, un wasap hizo posible el milagro. Una de las personas que había estado haciendo turnos para el rescate salió de paseo con sus perros por el río y se dio de cara con Trueno. Mientras jugaba con sus perros, dio la alerta al grupo de voluntarios de la Protectora de León. Y entonces se puso en marcha una estrategia con un tercio de suerte, un tercio de milagro y un tercio de conocimiento y experiencia en rescates. Con un rastro de comida y la ayuda de los otros dos perros, fueron guiando a Trueno hasta una obra, a la que pudieron acceder y retenerlo. Ya estaba a salvo. Tres semanas de un rescate agónico que apuntaba a un mal final pero... en esta ocasión el pero fue que sí, que el rescate acabó bien.
Trueno duerme ahora tranquilo en una casa de acogida, por primera vez en tres semanas, sin miedo, sin los peligros de la calle que, al igual que para las personas, es el peor hogar para cualquiera. Buscan para él una familia. Es de tamaño mediano. Tiene poco más de un año. Y, pese a su nombre, es tranquilo y cariñoso. El contacto para su adopción es el correo electrónico apapeludinessinsuerte@gmail.com.