Diario de León
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Opinión Cristina Arias Ruiz de Larramendi estudiante de Psicología especialista en intervención multidisciplinar en Violencia de género por la Universidad Pontificia de Salamanca

Cuando hablamos de violencia de género nos referimos a una lacra social que todos creemos poder definir, sin que la mayoría de nosotros podamos comprender porque sucede, ni porque produce más muertes de mujeres que los propios accidentes de tráfico.

Como ya sabemos todos, la violencia no empieza con el primer cachete. Los malos tratos empiezan mucho antes, con las llamadas incesantes de teléfono para saber donde estás, con los celos agobiantes, con las prohibiciones-¦ Comienzan cuando él te pide que no te pongas esa falda tan corta, porque no te queda bien, cuando empieza a aislarte de tu familia, a hablarte mal de tus amigas-¦ Y todo esto va creciendo y creciendo. Y se mantiene más allá de la violencia física. Empieza a ser ambiguo contigo, hablándote con frases anodinas, sin vocalizar bien, hablando bajo, usando frases contradictorias, mintiendo, manipulando el lenguaje, haciéndote creer que estás loca, porque esas cosas de las que tu te quejas no han pasado nunca, las has soñado-¦ El abuso emocional o violencia psicológica cumple la misma función de control que la agresión física, especialmente cuando la agresión ya se ha producido. Ayuda a mantener el control y a fomentar el miedo en la mujer.

Cuando hablamos de violencia física es evidente a lo que nos referimos, aunque posiblemente muy pocos sepamos hasta donde son capaces de llegar (dar puñetazos, dar patadas, empujar, morder, golpear y cortar con objetos, amenazar con armas, ahogar, asfixiar-¦).

Son muchas las causas para que una mujer víctima de violencia de género no abandone a su pareja.

Las amenazas, entendido como los avisos que hacemos a otra persona de que le provocaremos algún daño. «Como te atrevas a contar algo te mato», «Como te vea con otro, le mato a él primero y luego a ti». La intimidación, es hacer ademanes agresivos, infundir miedo utilizando cualquier instrumento, hacer sentir a otra persona que está loca, incrementar la dependencia emocional-¦ La violencia verbal, humillación o burla, que es el uso de palabras que una persona hace para afectar y dañar a otra. «Puta, hija de puta, no vales para nada, no sabes hacer nada, eres una inútil, todo es culpa tuya, todo lo que tocas lo estropeas, subnormal, idiota, tonta, no sabes pensar-¦»

Además de todas las anteriores, el propio ciclo de la violencia explica que tras un «estallido» viene la fase de reconciliación, en la que ellos son expertos. Regalos, disculpas, promesas de cambio...

Y en definitiva, es el hombre que ellas eligieron en algún momento «hasta que la muerte nos separe». Aquel chico maravilloso del que se enamoraron, que las mimaba y cuidaba, que las comprendía y las apoyaba, y que tanto ha cambiado. ¿Y acaso no puede volver a cambiar? El sueño de que todo vuelva a ser como antes, mezclado con la labia propia de los maltratadores, que en muchas ocasiones son el único medio de refuerzo que ellas tienen porque se encuentran aisladas del mundo por ellos mismos, hacen que salir de esta situación sea un verdadero hecho heroico.

Aisladas del mundo, porque muchos no permiten que trabajen, «total, ¿en que ibas a trabajar tu, si no sirves para nada? ¿Si apenas sabes freír bien un huevo?».

Aisladas, porque «¿Para que quieres ver a tus amigas, para que malmetan entre nosotros? Si es culpa de ellas que nos vaya mal.»

Y muchas veces aisladas porque sienten que nadie las puede entender, porque cuando se lo «confiesan» por fin a su madre o a su padre, estos les contestan que aguanten, o que denuncien de una vez, que parecen tontas, que cómo pueden soportarlo.

Esto hace además que se sientan avergonzadas y no lo cuenten, porque ¿qué van a pensar de mi?

Y si una mujer cuando se divorcia siente que ha fracasado, ¿cómo no ha de sentirse una víctima?

Es el hombre en el que puso todas sus expectativas de futuro, con el que planeó una vida. Y no sólo le ha salido mal eso, sino que además se ha convertido en la persona que más dolor, y no sólo físico, le produce. Y se plantea, ¿qué habré hecho mal? Intenta evitar las conductas que ella cree que le enfadan, hace lo posible porque no se repita, porque siente que tiene la culpa. Y si tiene la culpa, está en sus manos cambiar, está en sus manos la solución. Pero haga lo que haga, y cambie lo que cambie siempre hay una razón, una nueva conducta inadecuada para él.

Como ya he explicado antes, la mayoría no tienen la oportunidad de trabajar. A muchas se les han dado por anuladas esas capacidades, haciéndolas sentir completamente inútiles, llegando a no verse ellas mismas capaces de buscar trabajo, dado que «no sirven para nada».

En muchos casos también ellos «juegan» con la ventaja económica. No sólo no trabajan sino que el dinero se les racionaliza hasta el límite de no tener suficiente para comer todos en casa. Otro medio más propio de la violencia. ¿A esto podemos llamarlo dependencia económica?

El miedo es otra de las causas. La mujer es víctima además de agresiones, de amenazas. Sabe que si se marcha, él se enfadará y más que nunca. «La mayoría de las mujeres asesinadas lo son a manos de sus ex parejas, o cuando han puesto denuncia». Ella también ve la televisión. Además él se lo ha advertido muchas veces.

Además de todo lo dicho anteriormente, la actitud que tenemos ante ellas no ayuda para nada. No las comprendemos, y pensamos que a nosotros nunca nos podría pasar, que hay que ser tonta para aguantarlo-¦ y no es nada más que desconocimiento de la situación por la que están pasando. Todas las mujeres, por el hecho de serlo, somos vulnerables a este «doloroso cáncer».

Con todo esto pretendo que dicho desconocimiento, sea cada vez un poco más conocimiento, y esta incomprensión sea cada vez un poco más comprensión.

Que podamos, sino ayudar, al menos no hacer más daño a estas mujeres que un día reunirán la fuerza y el valor necesarios para salir de ahí.

La violencia es problema de todos. Ayúdanos a erradicarla.

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