La dieta mediterránea, factor de protección físico y mental
La dieta mediterránea recibe cada vez más parabienes por parte de la comunidad científica tras nueve mil años de existencia. Frutas, verduras, hortalizas, legumbres, aceite de oliva como grasa esencial, pescado y un consumo moderado de carnes y lácteos son los pilares de esta alimentación predominante en las culturas mediterráneas con España, Grecia, Italia y el norte de Marruecos como principales exponentes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) la reconocen como «un modelo alimentario de calidad, saludable y sostenible» pues además de ser beneficiosa para la salud, «preserva los hábitos alimentarios y los usos agrícolas tradicionales» y posee «cualidades históricas y culturales que deben ser protegidas con la misma intensidad que se cuidan otros símbolos culturales».
Tan mediterránea como la dieta es la costumbre de reunirse en torno a las tapas españolas o los «mezedes» para cultivar la conversación con familia y amigos. Los beneficios para la salud son muchos. Entre otros, disminuye el riesgo de padecer enfermedades coronarias, cáncer, obesidad, diabetes, previene la aparición del mal de Alzheimer y también disminuye las probabilidades de sufrir una depresión. Por eso conviene no alejarse de esta antiquísima costumbre que se extiende entre los países más desarrollados.