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La hora del cambio

La crisis es una oportunidad para cambiar
Frente al aumento del consumo de ansiolíticos para controlar la ansiedad y el estrés —una de cada cinco personas que acuden a las consultas de Atención Primaria toman tranquilizantes— los manuales de autoayuda vuelven a la carga como piedra de toque para afrontar los daños emocionales de la crisis.
Algunos, como el libro «Cambiar para vivir», se publicitan con una pátina de ciencia. «La ciencia médica y la neurología también estudian la crisis», anuncia el comunicado de prensa que da a conocer este libro del que es autor Marcos Sarai, neurólogo y filósofo. El autor parte de la base de que cerebro y emociones van unidos y el ser humano tiene que aprender a descubrir cómo funciona su «ordenador» para controlarlo y, sobre todo, para ser el protagonista de los cambios que le permitirán vivir con menos estrés y menos miedo. «El cerebro es el guionista, pero en modo alguno es el arquitecto de nuestras vidas», argumenta. «No olvidemos que el miedo y el estrés está presente en las personas que sufren depresiones y también producen mayores posibilidades de sufrir un ictus», señala Marcos Sarai. El miedo al fracaso, añade, «hace imposible que los sueños se hagan realidad».
El cerebro tiene gran influencia en la actitud ante los acontecimientos externos. Pero también se modela con la experiencia vital. «El cebrero es un instrumento funcional muy preciso en el que están interconectadas más de cien mil millones de células nerviosas de las que depende el funcionamiento de la mente, el desarrollo de la memoria, el lenguaje, el pensamiento, el aprendizaje de habilidades, el movimiento... ¿y los sentimientos?», apunta. Deshacer los hilos emocionales que castran los cambios es una de las facultades que Sarai otorga a las personas. Para ello tienen que «aprender a manejar el megaordenador emocional, introducir su propio programa y gestionar el cambio reafirmando sus capacidades», agrega. «Los hechos y las circunstancias no cambian, lo que cambia es el individuo: si una persona comprende que los problemas sirven para mejorar saldrá adelante, de lo contrario fracasará porque habrá hecho caso a esa voz asentada en el cerebro de «no soy capaz», sostiene. Y en el cambio una de las máximas que hay que asumir para acercarse a la felicidad «es que no se puede vivir de la euforia ni de la desesperación».