gente saludable
«Te conocen abrazándote»

Berenice Arias Arenas con algunas de las obras de su alumnado de AFA-Bierzo en Ponferrada.
Berenice Arias Arenas es una de las voluntarias más jóvenes del Centro de Alzhéimer de Ponferrada. Tiene 20 años y desde 2011 es una de las 45 personas que colaboran con AFA-Bierzo. Sus razones: «Mi abuelo va al centro y quería ayudar porque sé lo que ha supuesto para él acudir a este centro». Otro factor que ha pesado en su decisión es que «estudio a distancia y tengo tiempo». Acaba de empezar de tercero de Historia del Arte en la Uned.
«Fui a la oficina del voluntariado, rellené unos papeles y empecé enseguida», explica. Desde entonces, un día a la semana acude a la sede de la calle Ramón González Alegre, en el barrio de Flores del Sil, donde imparte un taller de arteterapia con las personas de la sala 1. Son aquellas cuya memoria está menos resentida por el alzhéimer dentro del grupo que acude al centro.
El taller de arteterapia «es una gran experiencia», asegura. Un proyecto que ha crecido de semana en semana y que le ha deparado «gratas sorpresas» — «tengo un anciano que me ha salido todo un artista»— además de un «importante aprendizaje» para una de las asignaturas de su carrera: «Arte de niños y personas dementes».
En el taller ha ido combinando sus conocimientos con la experiencia y la reacción de las personas con alzhéimer ante el hecho de pintar. «Al principio pintaban lo que les iba cuadrando, ahora pintan con pincel, lo que ha supuesto una experiencia nueva», explica. En las próximas semanas probará con la pintura de dedos. Los temas que les propone van acordes con las estaciones del año. Es una de las formas de ubicar temporalmente a las personas que participan en la terapia. Al principio era algo nuevo, y sobre todo los hombres, tenían reparo para salir a pintar pues cada semana saca a un grupo de cinco. «Ahora se apuntan enseguida», aclara.
Para este año el reto es hacer el mismo programa con las personas de la sala 2. «Están un poco peor que los de la sala 1, pero bastante bien», explica. Su abuelo le sirve como referente para poner en práctica las diferentes técnicas que va usando. «Pruebo con mi abuelo en casa», comenta.
Tras un año de experiencia su principal conclusión es que las personas con alzhéimer «necesitan atención y cariño. Es increíble lo cariñosos que son», explica. «Puede que no sepan tu nombre, pero te abrazan de tal forma que sabes muy bien que te conocen», cuenta la joven voluntaria.
Berenice Arias se siente bien haciendo esta labor. Sabe lo que es el alzhéimer porque a su abuelo se lo diagnosticaron hace cuatro años. «Al principio no sabes lo que es, parece que no se les nota. De repente cambia, se olvida de cosas importantes, cambia su carácter...». El centro ha sido una bendición.
Después de un año tiene bien claro que el voluntariado enriquece: «Haces un bien a los demás y tienes un proyecto que va evolucionando, que te da alegría y esperanza para poder llegar a más».