Diario de León

Puntadas para la igualdad

Ana Vicente e Isabel Alonso ayudan a ver las trampas de la desigualdad con juegos y bastidor.

Ana Vicente e Isabel Alonso con algunos de los materiales que utilizan en las aulas en el programa Laberinto de la Igualdad.

Ana Vicente e Isabel Alonso con algunos de los materiales que utilizan en las aulas en el programa Laberinto de la Igualdad.

Ana Gaitero
León

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Jugar para ser iguales. Dar puntadas de igualdad. Este el objetivo del Laberinto de la Igualdad que Ana Vicente e Isabel Alonso llevan por los colegios leoneses para que niños y niñas experimenten que es verdad también ellas pueden ser astronautas y que ellos son perfectamente capaces de limpiar la casa.

El juego es desarrollo de habilidades y de afectos. De hábitos y de mentalidades. Así lo entienden la educadora social, y la artista, quienes, desde Adavas y con el patrocinio de la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de León, llevan el Laberinto de la Igualdad a escolares.

«Si a una niño le das una muñeca, aprende a cuidar y si a una niña la involucras en un equipo deportivo aprende a trabajar en equipo y a coordinarse», subraya Ana Vicente. Van a la infancia porque es donde se aprenden habilidades y se empieza a desarrollar la concepción del mundo, aunque «visibilizamos mejor las desigualdades en la población adulta que en la infantil, pero esas habilidades que luego nos hacen iguales o desiguales se desarrollan en la infancia», subraya la educadora social de Adavas y coordinadora de sus programas de prevención.

El Laberinto de la Igualdad no trata únicamente de intercambiar los roles tradicionales de niños y niños. Busca que descubran por su experiencia que «no hay tareas exclusivas de un sexo».

Para salir del laberinto de la desigualdad y los estereotipos, las trampas, hay otros juegos y tareas que ayudan y suman puntos. El diseño de este material lúdico y pedagógico es de la artista leonesa Isabel Alonso, quien ya hace unos años tuvo la iniciativa de diseñar la Oca de la Igualdad en la que se visibiliza tanto la corresponsabilidad como el papel que las mujeres han tenido en el mundo público: política, arte, ciencia, literatura, etcétera. Otros juegos incorporados ahora son las parejas de cartas y el dominó.

«El laberinto es un lugar donde encontrar el conocimiento porque las trampas de la desigualdad las incorporamos desde edades muy tempranas y trascienden nuestro yo», precisa Isabel Alonso. Las autoras tratan de poner en valor el papel de las mujeres a lo largo de la historia y también valorar los trabajos que tradicionalmente han hecho mujeres y han estado recluídos al ámbito doméstico.

Por eso, cada niño y cada niña que participa en el Laberinto de la Igualdad da una puntada sobre el bastidor que, al final de esta campaña, habrá confeccionado a crucetilla una imagen emblemática de la igualdad entre hombres y mujeres. «El craftivismo —explica Ana Vicente— nace en Inglaterra como una reivindicación pública de las artesanías femeninas hechas en casa».

Muchas ‘a’ a la que dan la mano otras tantas ‘o’ formarán esta imagen de la igualdad que visibiliza también el lenguaje inclusivo. El laberinto se desarrolla sobre un espacio real elaborado por sus autoras y proyecta en una de sus etapas el cuento Rosa Caramelo, que explica la liberación femenina de los estereotipos tradicionales a través de una elefanta.

Al final, los niños y las niñas consiguen su pasaporte de la igualdad como un logro a sus destrezas y a su interés en desentrañar las claves de la igualdad entre hombres y mujeres.

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