Diario de León

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Freud renace en León

El psicoanálisis se abre camino en León a través de la actividad clínica que ofrece esta experiencia con efectos terapéuticos y del impulso de un grupo de analistas que sienten pasión por el legado de Freud .

david martínez chimeno

david martínez chimeno

Ana Gaitero
León

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LEÓN

Desde la maja desnuda de Goya a los desnudos femeninos de Modigliani son numerosas las muestras del arte de mujeres destapadas en el diván. Sigmund Freud, a principios del siglo XX, destapó algo más profundo. El inconsciente. Lo que está oculto tras el malestar del ser humano. Desvelarlo y afrontarlo es la ardua tarea de un análisis. La palabra del analizante y la escucha del analista son los ingredientes. El diván, una herramienta.

Un siglo después, en León el psicoanálisis ha saltado del diván a la calle para divulgar temas de actualidad. Ya hace una década que entró en la universidad y son varios los seminarios que celebrados en Santa Isabel para transmitir los grandes conceptos o temas psicoanalíticos en el tiempo presente.

María Dolores, psicóloga y psicoanalista, afirma sin dudar: «Es mi vida. Lo he vivido como paciente y como profesional y es apasionante y ahora en León empieza a haber gente interesada». Tuvo la suerte de beber en la universidad los últimos sorbos de la teoría psicoanalítica antes de que otras corrientes se impusieran. Abrió su consulta en la capital en 1989, siempre en la línea del psicoanálisis. Tiene mucha experiencia con la infancia y la adolescencia. La población femenina es la que más demanda el psicoanálisis ante el sufrimiento psíquico y emocional. Pero ahora ve con «esperanza» la creciente demanda de hombres.

«Es muy interesante, la sociedad está cambiando y los hombres también: ya no sólo hay esos fuertes machotes que no lloran», afirma.

Para otros España, y León, asisten al «nacimiento» del psicoanálisis, afirma Roberto Martínez de Benito, psiquiatra y director de la comunidad de Castilla y León de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP). Tras el impulso que Ortega y Gasset dio a Freud, «en España el psiconálisis fue prácticamente desconocido en la clínica habitual durante casi todo el siglo XX, mientras que proliferaba en los países anglosajones y en Francia», precisa Martínez. La emigración de analistas argentinos trajo a España la enseñanza de Jacques Lacan, con su retorno a los textos de Freud, y fueron acicate para crear bibliotecas y grupos de estudio como la ELP.

«No sé si el psicoanálisis está ‘resurgiendo’, lo que sí creo es que el psicoanálisis tiene una larga historia y una metodología rigurosa, crítica, valiente» que «exige muchos años de estudio» y «se ha ido haciendo escuchando las palabras de los pacientes en la clínica», apunta Blanca Doménech, de la asociación Análisis Freudiano y Máster en Teoría Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid.

Para Luis Salvador López Herrero, presidente del Círculo Psicoanalítico de León, «son los psicoanalistas, con su trabajo y deseo decidido, los quienes han creado las condiciones para que el psicoanálisis promueva diversos acontecimientos en nuestra ciudad, tanto en el ámbito clínico como cultural o social».

El psiconálisis es una experiencia más que una terapia, aunque tiene efectos terapéuticos. «El psicoanálisis es una experiencia a lo real, a lo incognoscible de cada uno, en cuya travesía no solo se dilucida las causas del malestar que se padece, sino también la historieta que uno siempre se había contado para no conocer la verdad», afirma López Herrero. En este sentido, «nos cura de esa ilusión humana que sólo introduce desdichas y esperanzas infundadas», apunta. Sus efectos son tangibles: «Permite manejar mejor el malestar», subraya este médico de familia para quien la salud mental «es un burdo engaño de la modernidad». En su práctica como médico de Atención Primaria impulsó los grupos Balint «para una mejor comprensión con respecto a la queja somática convencional».

Por su parte, Roberto Martínez admite que «el psicoanálisis tiene una vertiente terapéutica, de eliminación o apaciguamiento de los síntomas, pero es ante todo una experiencia del inconsciente único de cada sujeto; se trata de descubrir y aceptar —de ahí el valor ético del psicoanálisis— la forma de goce de cada uno. El goce que insiste y repite y nos sitúa en impasses vitales, en la desazón, en el malestar».

La implicación personal

A la pregunta de qué se puede esperar de un análisis Lacan contestó: «Sacar en claro el inconsciente del que usted es sujeto». Lo que sugiere, si no una liberación, sí al menos una iluminación sobre lo real. «Lo difícil suele ser poder ver la implicación personal que uno tiene en sus problemas», señala Doménech. A medida que avanza el tratamiento «la persona se ve liberada y descubre que no es tan terrible como podía creer», añade.

En el psicoanálisis está en juego lo más íntimo y oculto, pero no es un juego, ni nada improvisado. «Persigue, con una metodología muy cuidada, desvelar el deseo inconsciente que afecta al sujeto en sus síntomas», abunda Esta profesora defiende la «posición ética» de la disciplina de Freud «al no tratar de imponerse con una solución ya pensada o protocolizada». En el diván se «trabaja caso a caso, en la individualidad de cada cual y de cada situación», dice Doménech.

Las personas acuden a la consulta con la intención de paliar unos síntomas. Ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, adicciones (a las drogas, sexuales, etcétera) o simplemente malestar. También hay quien trata de indagar en su vida porque nota que hay algo que no marcha bien.

En cualquier caso, el psicoanálisis se convierte en una «ayuda en la búsqueda de la verdad de cada sujeto y que sea este el que, desde su deseo, sepa de la verdad y las razones, o sinrazones, de su sufrimiento y de su angustia, y en base a ello, sea él quien elija y decida. Esto no es fácil hacerlo cuando el paciente llega buscando urgentemente alivio a la desesperanza, al dolor y al vacío. Hay que ayudarle, sí, pero respetando su autonomía y su libertad».

María Dolores Navarro admite que «no todo el mundo se engancha» al psicoanálisis. «No todo el mundo quiere pensar: hay gente que te dice dame una pastilla y déjate de historias y tienes que respetarlo».

En este sentido, López Herrero señala que la sociedad debe desterrar prejuicios como la creencia de que el saber acerca de uno mismo es peligroso o puede ser dañino. «Al contrario, es precisamente no querer saber la mayor fuente de sufrimiento y enquistamiento de los problemas personales», afirma.

La imagen del diván es muy potente y quizás Woody Allen uno de los personajes que más lo ha divulgado a través de sus películas, aunque siempre con su particular sentido del humor. El diván busca que la mirada del analizante no se encuentre con la del analista para «facilitar la apertura del inconsciente», dice López Herrero.

Matiza que el diván es un instrumento y «no es imprescindible y a veces puede resultar hasta contraindicado». La clave reside en que el psiconálisis «privilegia la escucha de la palabra, no la mirada, el contacto físico o la expresión corporal».

El diván que usó Freud con sus pacientes está en la Casa Museo Freud de Londres, a donde se exilió en 1938 con su familia al producirse la anexión nazi de Austria. Tenía 83 años y murió al año siguiente. Había nacido en Príbor (antigua Freiberg del imperio austríaco), actual República Checa, el 6 de mayo de 1856. Su obra La interpretación de los sueños , publicada en 1900, inauguró la nueva disciplina y una nueva manera de entender al ser humano. Cien años después, el psicoanálisis aporta a la sociedad y al individuo actuales «lo mismo que en tiempos de Freud: una respuesta al malestar psíquico. Si bien es cierto que ese malestar ha cambiado desde entonces», apunta Roberto Martínez de Benito, quien se inició en el psicoanálisis con la lectura de este libro cuando era adolescente. Se lo regalaron a su madre y lo encontró en casa. Le apasionó. Siguió leyendo, estudió medicina y a través del psiconálisis se especializó en psiquiatría. Trabaja con pacientes con enfermedad mental crónica en Sacyl y tiene su consulta.

«El quehacer de un psicoanalista es plenamente posible en nuestro sistema público, aunque no podrá ejercerlo de una manera estándar», matiza.

Hablar sin censura y vía sueños, lapsus y otras formaciones del inconsciente lleva a confrontarse ante una verdad «de la que antes no se quería saber nada», así como a conocer el deseo y «tener la opción de hacerse responsable de él. Ese es el camino de la cura»,añade. Un camino que no tiene que ser necesariamente largo aunque frecuentemente lo es. «Los efectos terapéuticos del psicoanálisis pueden mostrarse en pocas sesiones», señala al recordar los red de asistencia a víctimas que la ELP puso en marcha tras el atentado del 11-M con los Centros Psicoanalíticos de Consulta y Tratamiento que proporcionaron atención y número de sesiones cortas y gratuitas. Hace un año que en Madrid se puso en marcha el Centro de Psicoanálisis Aplicado con esta intención.

La época actual es identificada en términos de psicoanálisis como «el imperativo del goce —algo que va más allá del placer— y su petrificación supone una mortificación y una insatisfacción permanente que deviene en malestar», «la ansiedad y la depresión» en las personas adultas «o el ubicuo TDAH de la infancia».

La medicina y la psiquiatría dominantes ofrecen café para todos, y sobre todo, pastillas sin atender a la «historia del sujeto», mientras que el psicoanálisis «proporciona un dispositivo para la escucha de ese sufrimiento subjetivo».

Todo analista ha pasado, debe pasar, por la experiencia del psicoanálisis. Luis Salvador López Herrero llegó al diván «a partir de una inquietud intelectual que escondía un síntoma».

Roberto Martínez comenta al respecto: «Comencé mi análisis no porque quisiera ser psicoanalista, sino porque un malestar me decidió a solicitar lo que había estado posponiendo durante años. El psicoanálisis es muy importante en mi vida».

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