ANA FRONTELA DIÉGUEZ Leonesa asesora del Ministerio de Educación Superior de Ecuador
«Creamos una plataforma para canalizar la ayuda tras el terremoto»

Galo André Izurieta
LEÓN
Vive en Quito (Ecuador) desde hace dos años y medio y ya se había acostumbrado a los temblores de tierra. Pero el terremoto del pasado 16 de abril, con una intensidad de 7,6 grados en la escala Richter, no fue uno más.
La periodista leonesa Ana Frontela Diéguez estaba a 250 kilómetros del epicentro del movimiento sísmico «no lo vivimos igual que en la costa, pero es la primera vez que sentimos un terremoto de verdad», afirma.
«Los ecuatorianos están preparados para la erupción de un volcán (con mochilas y mascarillas en casa) pero no se había previsto un terremoto de estas carácterísticas», añade. Durante la primera semana el país estuvo conmocionado. Todo el mundo miraba cómo ayudar.
Ahora «la euforia ha bajado», comenta Frontela, y empieza la «etapa más durante: la reconstrucción». Desde el Ministerio de Educación Superior han puesto en marcha una plataforma solidaria para coordinar el voluntariado y las ayudas de una manera organizada.
La periodista leonesa está involucrada en el despliegue de esta aplicación (www.ecuadorsolidario.org), una iniciativa solidaria que tiene por objetivo adaptar herramientas de código abierto existentes para ayudar a clasificar necesidades de los damnificados y conectarles fácilmente con las personas que quieren brindar su colaboración.
La movilización de personal voluntario a las zonas afectadas por terremoto, donde todavía se están produciendo réplicas, tiene que responder a las necesidades reales. Una avalancha puede agravar los problemas porque, como apunta la periodista, «se consumen víveres y con la falta de agua aumenta el riesgo de enfermedades como el dengue».
La zona asolada por el terremoto se corresponde con la costa de Ecuador, con una situación muy diferente a la capital del país. «Quito no tiene nada que envidiar a ninguna ciudad grande, pero en la costa las casas son como de papel. Hay que reconstruir poblaciones enteras de nuevo», subraya.
Manabí, Esmeralda, Puerto Viejo... Son muchas las provincias afectadas y las poblaciones asoladas como Pedernales. El día del terremoto era sábado. A Ana Frontela y su novio les cogió en casa. El primer minuto y medio lo pasaron tirados en el suelo de la cocina. En cuanto pudo levantarse, hizo fotos mientras veía cómo se movían los edificios y empezó a reportar. Enseguida comprobó que en las redes sociales ya se estaban moviendo las llamadas de auxilio.
«Enseguida supimos que el epicentro estaba en las parroquias Pedernales y Cojimíes del cantón Pedernales, en la provincia ecuatoriana de Manabí». comenta. Los móviles de última generación están muy extendidos en este país que ha pasado de un corto esplendor económico, que animó una ola de retornos de emigrantes y mucha migración española, a un momento de «medidas gubernamentales difíciles» antes del terremoto.
«El terremoto va a marcar un antes y un después. Posiblemente vamos a asistir a un gran movimiento migratorio desde la costa a las poblaciones grandes y va a costar arrancar el sentimiento de pesimismo, en un país cuya tendencia a la melancolía está muy acusada», asegura Frontela.
El domingo por la mañana el ministerio en el que trabaja ya estaba en pie de guerra para hacer frente a la situación. Las clases quedaron suspendidas porque muchos jóvenes se desplazaron a las zonas más afectadas por el terremoto. «La respuesta del país fue impresionante: se reunieron víveres y agua, pero si los voluntarios van sin preparación en lugar de ayudar pueden crear más problemas», apunta. Acceder a las zonas afectadas tampoco es sencillo. Muchas carreteras están cortadas por los derrumbes y las grietas del terremoto. «Una expedición tardó más de 18 horas en recorrer 250 kilómetros porque hay carreteras levantadas y hay que buscar rutas alternativas», explica.
Coordinar la comunicación es clave para canalizar la ayuda. Es el principal propósito de la plataforma que están creando desde el Ministerio de Educación Superior. En esta platforma se exponen las necesidades y se cruza la información con las aportaciones que pueden hacer los voluntarios. «No se trata únicamente de dinero, sino de la labor material que pueden desempeñar en cada caso», precisa.,
A los españoles les aconseja «que toda la ayuda la den a través de la embajada». Ana Frontela es consciente de que la «recuperación llevará meses y años», pero hay que atender primero la emergencia. Ya se ha hecho experta en «armar kits de alimentos» para enviar a las zonas devastadas, mientras piensa que en cualquier momento se puede volver a repetir y observa la venta de botellines de agua a 10 euros como el reflejo de que en todas las catástrofes «siempre hay alguien que hace negocio».
El día del terremoto su novio se levantó del suelo recitando una frase de Alexander von Humboldt: «Los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste».
Recuerda Ana Frontela la cultura Pacha Mama que rinde tributo a la Tierra «que nos da fertilidad, para que no se enoje». El 16 de abril la Tierra estuvo muy enojada en Ecuador. El temblor dejó más de 600 personas muertas y más de 4.000 heridas y un panorama desolador para cuya reparación piden ayuda. «Lo que para nosotros es solidaridad, para ellos es justicia», concluye.