SALUD
Corazones en forma
El programa de rehabilitación cardiaca pone al Hospital de León en la cresta de la ola en calidad de vida y reducción de ingresos hospitalarios de personas que han sobrevivido a un infarto.
El equipo multidisciplinar de Rehabilitación Cardiaca en el primer día de la puesta en marcha del programa para un nuevo grupo de pacientes.
LEÓN
Cada año 30.000 personas sobreviven a un infarto agudo de miocardio en España. En la provincia de León se registraron 809 altas hospitalarias por infarto en 2015 según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Después del susto hay que poner el corazón a punto. Hay que volver a empezar.
Es viernes y en la planta baja del Caule el equipo de Rehabilitación Cardiaca, uno de los pocos que hay en España, se dispone a comenzar el programa con un nuevo grupo. Una docena de pacientes y familiares escuchan a la doctora Montes y a cada uno de los miembros del equipo antes de comenzar la primera sesión. En 8-10 semanas aprenderán a ver la vida desde su nueva situación, con trabajos físicos hechos a su medida, dieta equilibrada y tomando conciencia de que comportamientos y emociones pueden influir en la salud.
La rehabilitación cardiaca es una de las formas de prevención secundaria de las cardiopatías después de sufrir un infarto o tras una operación del corazón. El Hospital de León es uno de los pocos centros del país que cuentan con este programa que se ofrece, tras un riguroso estudio de los riesgos, a uno de cada cinco pacientes. Sólo el 25% de los hospitales tienen un programa específico de prevención secundaria. Entre 80 y 90 pacientes al año se benefician de esta prevención secundario cuyo objetivo es poner en forma a los pacientes tanto física como psíquicamente.
Hay que volver a moverse y aprender a relajarse. Las sesiones con ejercicio se imparten en el hospital durante una hora y una cuarta jornada la dedican a la relajación. Les piden que lleven ropa deportiva o cómoda.
La mayor parte del trabajo se desarrolla en equipo, pero la implicación de cada paciente es crucial. Una de las condiciones indispensables es que los pacientes fumadores abandonen el tabaquismo. Fumar es causa de abandonar el grupo por la incidencia demostrado que el tabaco tiene sobre las cardiopatías isquémicas.
Ya son casi 20 años de experiencia de este programa que inició de forma pionera el cardiólogo Esteban García Porrero y ahora lleva a cabo un equipo multidisciplinar coordinado por el servicio de Cardiología, que dirige el doctor Felipe Fernández Vázquez. Ejercicio físico, nutrición, atención psicológica y nuevo estilo de vida son las pautas generales del programa de rehabilitación. Se trata de enseñar a los pacientes cómo tienen que vivir a partir de esa enfermedad y cómo pueden llegar a hacer una vida más o menos normal.
El programa comienza durante el ingreso hospitalario, con las primeras indicaciones sobre el tipo de vida que deben llevar y nociones sobre la prevención secundaria. La segunda fase se desarrolla en la consulta hospitalaria. Las cardiólogas Manuela Montes Montes y Lourdes García Bueno valoran el estado de cada paciente tras el evento —angina de pecho o infarto— tras el alta hospitalaria.
Los datos clínicos y una prueba de esfuerzo, que realizan los especialistas del servicio de Cardiología, para medir la capacidad funcional son determinantes en el proceso selectivo antes de pasar a la fase de rehabilitación. Se calcula que entre el 15 y el 20% de pacientes que sobreviven a un episodio por cardiopatías isquémicas son derivados al servicio de rehabilitación cardiaca «porque hacemos un filtrado por estratificación de riesgo», explican las cardiólogas.
La consulta de psicología, que lleva la doctora Pilar García Valbuena, es otra pieza clave en el programa de rehabilitación. Valora su estado psicológico general y si el paciente es candidato a una consulta individual o no. «Aunque el impacto emocional afecta a todos, cada paciente tiene su historia que determinará si es susceptible de consulta individual o tratamiento psiquiátrico, en cuyo caso se deriva a la consulta enlace», explica.
Por regla general, casi todos los pacientes tienen perfil para las sesiones grupales —8 a 10 personas como máximo—del programa de rehabilitación cardiaca. Una vez por semana y durante un total de ocho, la psicóloga clínica ofrece entrenamiento en estrategias de afrontamiento de la enfermedad.
«Hay variables psicológicas de las personas que tienen que ver no sólo con el impacto emocional y variables de riesgo que pueden dificultar la evolución del problema, así que una de las principales estrategias es prevenir los cuadros de ansiedad y depresivos», explica Valbuena.
El área de rehabilitación —Paloma Marcos Tomás, jefa del servicio, y las doctoras Elena Rodríguez López y Marisol Medina Martos— valora el aparato locomotor de cada paciente y realiza las adaptaciones necesarias a cada persona.
A partir de estas variables, elaboran una ficha de tratamiento que indica la frecuencia cardiaca a alcanzar en el ejercicio por cada paciente. Las rehabilitadoras también colaboran en la escuela de salud que imparte el equipo de cara a la vida cotidiana y al futuro tras la rehabilitación.
Una parte significativa del programa lo desarrollan fisioterapeutas y enfermería. Los primeros realizan el control estricto de la frecuencia cardiaca durante las sesiones de ejercicio y dirigen las relajaciones.
«Como dice la sentencia latina, mens sana in corpore sano. El ejercicio físico no sólo prepara al cuerpo para que la persona pueda asumir las actividades de la vida cotidiana sino que también beneficia al estado emocional», explica el equipo de Fisioterapia compuesto por Marisol López Álvarez, supervisora, Marta Sáncha Salvador, Óscar Gómez Ferrero, Daniel Domínguez Centeno y Alejandro Álvarez García.
Con el ejercicio el cuerpo se prepara para los esfuerzos de la vida cotidiana y hasta donde puedan llegar. Desde el reposo y previo calentamiento de articulaciones se prepara el cuerpo para realizar el movimiento adaptado a cada paciente y después se hacen 20 minutos de bicicleta con control de la frecuencia.
Los fisioterapeutas hablan durante el ejercicio con los pacientes para saber si pueden hacerlo o están jadeantes y también miden la escala subjetiva del esfuerzo, de modo que se controla cuando una persona no alcanza la pauta marcada pero se siente cansada.
La preparación física se completa con ejercicios de fuerza que facilitarán que la persona pueda hacer cosas cotidianas como coger en brazos a un niño o tirar del carro de la compra. La relajación, que se realiza una vez por semana, complementa el trabajo de la psicóloga: «Es una parte fundamental, los ejercicios les dan una referencia, se exponen con cierta seguridad y control y cambia la percepción de la limitación», apunta la psicóloga.
En cada sesión, el equipo de enfermería (Patricia Fuertes Diez, Esther Álvarez Llamera y Esperanza Fariza Vicente, enfermeda de nutrición y dietista) toma la presión arterial y la frecuencia cardiaca y una vez por semana hacen control de peso y perímetro abdominal.
Los beneficios de estar bien nutridos son abordados por la nutricionista. «No se trata de implantar una dieta restrictiva, tratamos de que comer sea agradable y cardiosaludable para los pacientes y para su entorno familiar», explica Fariza. El efecto dominó que la dieta saludable ejerce en toda la familia, durante generaciones, es una de las ventajas de este programa de educación que incluye conocimientos sobre las propiedades de los alimentos y sus beneficios.
El trabajo en grupo y la seguridad que da estar en un entorno protegido como es el hospital son factores que animan a los pacientes a seguir el programa. «En su casa o solos no lo harían y tendrían más temores que a la larga son perjudiciales para la enfermedad», explica el equipo de Rehabilitación Cardiaca.
Mejorar el aspecto físico y verse capaces también son factores que también motivan mucho a los pacientes en el proceso de rehabilitación. De ahí la importancia de que sea un equipo multidisciplinar. «Tenemos un grado de satisfacción elevado», apostilla. La prevención secundaria sólo la realizan el 25% de los hospitales en España lo que coloca a León en la cresta de la ola de esta práctica que disminuye la mortalidad, mejora la calidad de vida y disminuye los ingresos hospitales y por tanto los costes sanitarios.
La rehabilitación cardiaca no termina con el programa. «Si el paciente puede tiene que seguir, ya sea solo o con los grupos de pacientes que lo hacen en polideportivos de forma dirigida y supervisada», comenta la doctora Manuela Montes.