?OPINIÓN
Se acerca la primavera, es momento de aligerar
Se huele en el ambiente, aunque el clima no sea precisamente primaveral. Ya los pájaros cantan de otra forma y hay más horas de luz. Y brotan los primeros tallos. Y asoman las primeras flores. Y, sobre todo, se nos alborota el cuerpo. Empezamos a necesitar cambios de vestuario, de colores, de hábitos. Deseamos poder quitar ya capas de abrigo, pasar más tiempo al aire libre, andar más ligeros y movernos más. Necesitamos cambios. Los que sean, pero cambios. Tal vez la primavera sea un buen momento para plantearnos no sólo aligerar el ropaje físico, sino también el emocional. Empezar a remover esas capas que hemos ido vistiendo con el tiempo y que nos han protegido, sin duda, pero que también nos aplastan bajo su peso. Unas capas que un día nos sirvieron (hicieron su función) pero que no hemos de seguir llevando sin más, sin cuestionamiento alguno.
Robert Fisher, en su famoso cuento El caballero de la armadura oxidada , expone muy bien la necesidad de despojarse de lo que nos hace daño —aunque en su momento tuviera un sentido— y dejar de funcionar bajo el peso y el lastre de estructuras de un pasado que nos aplasta. Al caballero le costó desprenderse de su armadura, no lo hizo de un día para otro, sino a través de un proceso personal de descubrimiento, pero con cada trozo de la misma que perdía, se sentía más libre, más feliz, más ligero.
La primavera es una invitación a renovarse. Y la renovación más profunda es la interior. ?Empecemos por quitarnos apegos innecesarios y dañinos, cuestionarnos nuestra «intocable» felicidad, ampliar relaciones, limpiar nuestro pensamiento y nuestro corazón de juicios y comentarios nocivos. Empecemos a aligerar nuestra carga emocional. Experimentemos a ver qué pasa, como experimentaba el caballero al ir prescindiendo de falsas seguridades. Aprendamos de la primavera. Ella hace su función con la naturaleza dotándola de alegría y color. Hagamos nosotros la nuestra dotándonos, también, de alegría y color.