La cafeína que tomas no está solo en el café: así se acumula sin que la cuentes
El tamaño de las bebidas y la combinación de varios productos pueden cambiar mucho el balance de un día
El tamaño de la taza y la preparación influyen en la cantidad de cafeína del café.
Contar los cafés del día no siempre permite saber cuánta cafeína se ha tomado. El té, las bebidas de cola, el cacao, el guaraná y las bebidas energéticas también pueden aportarla. Algunos complementos alimenticios la incorporan a su composición. Si se combinan varios de esos productos, la suma cambia aunque solo se haya bebido una taza de café por la mañana. La cantidad depende además de la ración y de cómo se prepare cada bebida.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria evalúa la cafeína procedente de todas las fuentes alimentarias. Esa es la referencia útil para hacer la cuenta: no existe un contador independiente para el café y otro que deje de importar cuando la sustancia aparece en una lata o un suplemento. Los productos pueden tener usos distintos, pero comparten esa aportación al consumo total.
Las cantidades de referencia y la suma de varias bebidas
La EFSA sitúa hasta cuatrocientos miligramos diarios, repartidos a lo largo del día, como una ingesta que no plantea problemas de seguridad para la población adulta sana general. No es una cantidad recomendada que haya que alcanzar ni una garantía de tolerancia individual. Su evaluación tampoco cubre todas las enfermedades o las combinaciones con medicamentos, por lo que no sirve como pauta personalizada para cualquier persona.
En embarazo y lactancia, la referencia de la evaluación es más baja: hasta doscientos miligramos diarios de todas las fuentes. La existencia de grupos diferentes explica por qué no basta con publicar una cifra general sin decir a quién corresponde. También conviene separar la cantidad de un día de la que se toma de una sola vez. La EFSA analiza esas exposiciones de manera distinta.
Una etiqueta permite hacer un cálculo sencillo. Si una bebida declara treinta y dos miligramos por cada cien mililitros y la lata contiene quinientos, el envase completo aporta ciento sesenta miligramos. El resultado procede de multiplicar por cinco. Leer solo la cifra por cien mililitros infravalora lo consumido si se bebe toda la lata, aunque el dato esté correctamente indicado en el producto.
El tamaño del café y el horario también cuentan
Con el café, la cuenta puede ser menos exacta. El tipo de grano, la preparación y el tamaño de la taza modifican la concentración y la cantidad final. La EFSA advierte de esas variaciones, de modo que resulta poco riguroso convertir cualquier café en una unidad fija. Un vaso grande y un expreso pequeño no deben compararse únicamente por el volumen ni suponerse idénticos por llamarse café.
El horario también influye en la experiencia. La autoridad europea señala que cien miligramos cerca de acostarse pueden alterar el sueño en algunas personas adultas. No hace falta llegar a la referencia diaria general para notar ese efecto. Si el objetivo es revisar el descanso, conviene anotar a qué hora se toman las bebidas y no limitarse a sumar las de la primera mitad del día.
La AESAN desaconseja las bebidas energéticas en menores, embarazo y lactancia y recuerda que no deben mezclarse con alcohol ni utilizarse como bebidas para rehidratarse. Las versiones sin azúcar pueden seguir conteniendo cafeína. Por tanto, eliminar el azúcar de la comparación no resuelve automáticamente la cuestión del estimulante ni transforma una bebida energética en una bebida deportiva.
Para revisar el consumo, puede hacerse un registro de un día: producto, cantidad, cafeína declarada cuando exista y horario. Es una herramienta de observación, no un diagnóstico ni una recomendación de subir hasta ningún umbral. Si aparecen dudas por síntomas, medicación o una condición de salud, corresponde consultar de forma individual.
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Patricia de la Torre